5 de octubre 2004 - 00:00

<i>Desperdicio de Martín Redrado</i>

Martín Redrado
Martín Redrado
Estaba fuera del país cuando se produjo el sorpresivo relevo de Alfonso Prat-Gay por Martín Redrado en la presidencia del Banco Central y lo que se ha escrito sobre el tema me suena elemental. Tanto sea por el detallismo de si Redrado recibió la propuesta en un avión de regreso al país o la tonta crítica de si se llama Hernán Martín Pérez Redrado y usa su segundo nombre y su segundo apellido. ¿Qué importancia tiene como si no fuera universal que la prensa lo llamó Bill al ex presidente de Estados Unidos William Clinton? ¿O alguien llamaría Neftalí Reyes Basoalto a Pablo Neruda, Juan Ruiz a Amado Nervo o -ya más en lo autóctono- María Estela Martínez a «Isabel» Perón y Cayetano Zaín a Jorge Asís?

Más allá de esas simplezas de nuestros analistas y del periodismo nacional está el error de las opiniones serias. Que un joven brillante como Prat-Gay se haya ido del Banco Central no es tan importante para el país como que Martín Redrado haya abandonado el manejo de las relaciones comerciales internacionales donde su tarea fue y seguía siendo óptima en logros para la Argentina.

Martín Redrado en el Banco Central no es criticable sino porque es un desperdicio de talentos y una decisión inapropiada de un gobierno que sigue mostrándose pequeño, demasiado provinciano, para administrar bien el país, algo que disimula el pasar el sector externo por un momento excepcional y único para la Argentina.

El principal conocimiento profesional de Redrado nunca fue el manejo de las finanzas del Estado, aunque por su relieve de economista también conozca el tema. Redrado es dueño de una agenda de relaciones comerciales internacionales única que hoy no posee nadie en el país. Y no es una libreta que se traspasa ya que lleva años acumular con trato directo. También tiene un carisma negociador especial este economista y eso lo encaminó desde su puesto de vicecanciller a logros muy importantes. Por ejemplo, era el más respetado por la tan profesional cancillería brasileña (Itamaraty) y así convenció a los adláteres y al mismo presidente Lula da Silva de pelear por el mejor argumento de que los países emergentes endeudados poseen frente a Europa, Japón y Estados Unidos: cesen los 500.000 millones de dólares anuales que destinan a subsidiar a su agro con ventajas comparativas en contra y permitan que entren a competir en sus fronteras nuestros granos, nuestros limones, nuestra carne, nuestra producción primaria. Ese argumento y no los desplantes del ministro Roberto Lavagna pone a la defensiva al exterior. O sea, permítanos venderles para tener divisas con qué pagarles. Suena más que obvio.

• Sin distracción

El presidente Lula da Silva -que no se distrae en peleas menores- no logró que levantaran todos los subsidios a los «farmers» en el consumo interno de los grandes países. Pero sí que gradualmente se los vayan retirando en sus exportaciones para que los países en desarrollo o emergentes no tengan que competir con los mismos productos primarios de las grandes potencias económicas -sobre todo de Estados Unidos en soja, maíz y hasta trigo- que con precios bajos, por tal subsidio, les sacan mercados a nuestros países.

Eso sólo para la Argentina significará casi duplicar sus exportaciones agropecuarias en el futuro inmediato (27.000 millones de dólares que se sumarán a los aproximadamente 32.000 millones de la divisa norteamericana que se lograrán este año). Esta medida -impulsada casi solitariamente por Martín Redrado desde la vicecancillería- demuestra alto conocimiento de la macroeconomía y es la más importante -aunque casi se la ignore en los discursos oficiales- de los 16 meses de Néstor Kirchner en la primera magistratura del país.

También este joven economista fue pívot del acuerdo automotor con México que ya le permite a la Argentina exportar 50.000 unidades y con aumento año tras año. Logró igualmente aranceles libres para muchos productos en Estados Unidos, desde limones a los caños sin costura de Techint (grupo que ejerce un dominio peligroso sobre todo el gobierno Kirchner e, inclusive, sobre Redrado a nivel que sin su visto bueno no se producía el cambio al Banco Central). Además tuvo una actuación muy destacada en la OMC (Organización Mundial del Comercio), forzó junto a los buenos técnicos de Lula da Silva nuevos reagrupamientos de países emergentes, peleó por acuerdos bilaterales directos y debió sobrellevar «cancilleres» tan ineficientes como Carlos Ruckauf que hasta dependía de él para que le tradujera el inglés de los funcionarios internacionales.

• Otro riesgo

Brasil debe estar contento de que el más agudo economista y con más proyección hoy en el gobierno argentino haya sido circunscripto al área financiera-bancaria donde será obligado a mantener el dólar «recontra-alto», donde las reservas se acumulan solas por el especial momento externo, donde una pobreza inalterable de 46% y un desempleo cercano a 20% traban cualquier recalentamiento de la demanda que pudiera reactivar la inflación y agudizar la política monetaria.

Es lo dicho: Martín Redrado llevado al Banco Central es un desperdicio de talento y algo tan difícil como la especialización en un área clave. Además, desplazando a un Prat-Gay reconocido mundialmente como uno de los nuevos financistas que han surgido este año a nivel de proclamarlo internacionalmente el mejor. ¿Se puede entender esta política de Estado del actual oficialismo?

Para colmo dicen que el desplazamiento de Prat-Gay fue por oponerse a la forma de negociar la deuda en default de Roberto Lavagna. Pero ¿acaso se cree en el gobierno que algún economista serio (e independiente), además de Prat-Gay, puede apoyar la forma de negociación politizada que hizo el actual titular de Economía, aprovechando la suerte que la coyuntura externa permite cualquier barrabasada?

Porque también existe ese otro riesgo: que un economista joven de alta formación, como es el nuevo titular del Banco Central, tenga ahora que sumar a lo que ya sabe el aprender a ser hipócrita.

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