Luego de un agitado debate interno, esta semana la vecina FIESP (Federación Industrial de San Pablo) se manifestó totalmente en contra del ingreso de Venezuela al Mercosur. Para esta entidad industrial, con decisivo peso en el establishment político-empresarial de Brasil, «el Mercosur es un éxito comercial», pero los problemas institucionales que se están acumulando dentro del bloque «sólo aumentarán más con la entrada de Venezuela, acarreando un potencial perjuicio político y económico».
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La posición que toman los industriales paulistas va a contramano de la aceptación pública de Venezuela como quinto socio del Mercosur, que tanto la cancillería del Brasil como el mismo presidente Luiz Inácio Lula Da Silva vienen haciendo. Luego de analizar con preocupación las consecuencias de «una agresiva política externa de Chávez en la región», la FIESP se decidió a soltarle la mano al gobierno de Lula -hasta ahora los intereses empresariales brasileños coincidían con la política proingreso de Venezuela al Mercosur orquestada desde Brasilia-.
La resistencia de Caracas para fijar un cronograma de apertura comercial con la Argentina y Brasil, además de la negativa para definir tanto la lista de productos con exencióninmediata de impuestos como la de tarifas reducidas para importación, han sido algunos de los aspectos que rebasaron el vaso de la paciencia de la federación paulista.
Acompañamiento
Pero el drástico giro en la posición de la FIESP no viene solo. Acompaña al manifestado por otra entidad empresarial, la Confederación Nacional de la Industria (CNI). Esta ya había criticado la falta de precisión venezolana en lo referido a detalles técnicos como el criterio a adoptar para las normas de origen o para acuerdos del Mercosur con terceros países.
Aunque la FIESP venía elaborando un paper analítico sobre la situación del Mercosur y Venezuela, con la intención de influenciar de manera callada en las votaciones del Congreso brasileño, su directorio dejó trascender parte de los resultados de aquél ante la descomposición de la situación política de la región durante los últimos días. Si bien, reconocen en la FIESP, el estudio dado a conocer es esencialmente « técnico», no elude señalar que «el actual gobierno venezolano tiene intenciones de hacer un uso meramente político del Mercosur, en lugar de adaptarse al encuadramiento institucional y normativo del bloque».
Pero, sin duda, lo que más preocupa a la FIESP son -en caso de que en 2008 finalmente el Congreso en Brasilia votase a favor de Venezuela-«las divergencias que existen entre las preferencias políticas del presidente Hugo Chávez y los principales destinos de las exportaciones brasileñas, como la Unión Europea o los Estados Unidos».
Está claro que en materia de negocios los números mandan. Actualmente, la ecuación comercial entre Brasil y los EE.UU. ronda alrededor de los u$s 45.000 millones, mientras Venezuela es el tercer destino de las exportaciones brasileñas, con un superávit comercial para nuestro vecino del orden de los u$s 5.000 millones. Está, asimismo, claro que luego del descubrimiento del yacimiento petrolífero de Tupy a principios de noviembre, Brasil y sus industriales saben que no dependen en el futuro del petróleo venezolano.
Llamativo
Aunque quizá lo que más llama la atención es que el sector productivo de Brasil, representado en la FIESP y la CNI, se manifieste tan abierta y libremente sobre la política exterior dirigida desde Brasilia.
A diferencia de nuestras UIA o AEA, demasiado calladas en los últimos años, los industriales brasileños -no importa la envergadura de sus empresas o el volumen de sus negocios-se reconocen como parte de la dirigencia de su país. Y no temen entrar en la discusión de los lineamientos de la política exterior, que siempre es la que marca el futuro de un pueblo, cualquiera sea el país.
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