Teresa Ter Minassian llegó a Brasil para definir con el gobierno de Lula los proyectos de infraestructura que pueden que- dar fuera del cálculo de superávit.
El gobierno brasileño insistió ayer ante el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la necesidad de excluir de los cálculos del superávit fiscal primario los gastos en infraestructura. En particular, el pedido se concentra en aquellos que hayan sido encarados a través de préstamos de organismos como el Banco Interamericano de Desarrollo y el Banco Mundial.
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El encargado de volver sobre el tema fue el ministro de Hacienda, Antonio Palocci, que se reunió en Brasilia con la directora del organismo para Asuntos Fiscales, Teresa Ter Minassian, una funcionaria que negoció por años con los gobiernos de Carlos Menem y Fernando de la Rúa. En paralelo, otra misión, pero dirigida por el jefe del organismo para Brasil, Charles Collyas, inició también ayer la octava revisión del acuerdo stand-by prorrogado el año pasado, por 14.600 millones de dólares.
Ter Minassian calificó el encuentro con Palocci como «muy bueno» y anunció que dará a conocer una nota con comentarios sobre la propuesta del gobierno brasileño de desvincular las inversiones en infraestructura del cálculo del superávit fiscal primario, previo al pago de los vencimientos financieros. El compromiso al que llegaron los enviados del Fondo se basa en la identificación de algunos proyectos piloto para poner en práctica esa propuesta en las áreas de transporte y energía. Algunos de los planes incluirían eventualmente a la Argentina. Igualmente la funcionaria del FMI dejó claro que no espera que el Fondo admita una modificación de sus métodos de cálculo antes de 2005.
La cuestión del superávit estará en el centro de la revisión de metas de la otra misión, encabezada por Collyas. Este funcionario se entrevistó con el ministro de Desarrollo, Industria y Comercio Exterior, Luiz Fernando Furlan, además de con Palocci, con el que cerró anoche la jornada. Las reuniones continuarán igualmente hasta el viernes, cuando Collyas retorne a Washington.
• Préstamo
El FMI concedió a Brasil en setiembre de 2002 un préstamo stand-by por 30.400 millones de dólares, para ayudar a superar las turbulencias causadas por la posible victoria electoral de Luiz Inácio Lula da Silva, quien al llegar al poder en 2003 trató de aplacar esos temores elevando a 4,25% la meta de superávit fiscal primario, por encima de 3,75% que le exigía el FMI. El superávit de enero a mayo de este año alcanzaba ya 5,87% del PBI. El acuerdo abarcaba hasta fines de 2003 y Brasil se abstuvo de retirar el último tramo, por 8.000 millones, pidiendo que se lo tengan en reserva con más de 6.000 millones suplementarios, para enfrentar cualquier emergencia (la deuda pública brasileña se elevaba en mayo pasado a 946.700 millones de reales, equivalentes a 56,8% del PBI). Hasta ahora, el gobierno no tuvo que recurrir a esas sumas, y Brasilia espera salir de la tutela del FMI a fin de año, aunque manteniendo la política de rigor fiscal.
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