El gobierno lanzó ayer una nueva y poco útil reducción en la presión del impuesto al cheque. Las operaciones en las que se transfiera dinero de una cuenta corriente a un plazo fijo y viceversa no pagarán este tributo, por mucho el más distorsivo del sistema impositivo argentino. Lavagna dijo que con esta eliminación se busca mejorar la rentabilidad de las colocaciones a plazos. Sin embargo, con tasas que en la actualidad no superan 2,5% anual es poco el aliento que tienen el público y las empresas para depositar su dinero en plazo fijo. Más aún si se tiene en cuenta que la inflación en el año se proyecta en torno a 6%. Por eso se considera insuficiente y poco práctica esta medida, ya que las restantes transacciones financieras continuarán gravadas con esta pesada carga. El bajísimo costo fiscal que tendrá esta iniciativa -sólo 20 millones de pesos mensuales de pérdida de recaudación, sobre un promedio mensual de ingresos de $ 8.000 millones-refleja el poco impacto que producirá.
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Con esta medida, que será instrumentada a través de un decreto que se publicará esta semana en el Boletín Oficial, el Ministerio de Economía busca mejorar la rentabilidad en el sistema financiero al reducir los costos de las colocaciones a plazos.
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