Jornada con un perfecto derrumbe

Economía

Ayer no se sabía dónde estaba más caliente la cosa, si en California, que con otro día como el de ayer rompe todos los récords de altas temperaturas, o en el mercado. Para ser sinceros, que el mes comenzara con una baja, no fue sorpresa, de hecho desde principios del mes pasado venimos hablando que estadísticamente setiembre es el peor mes para la actividad bursátil y que convenía no apostar demasiado por el "bull market". De todas maneras, el desplome de 4,1% que tuvo el Dow cerrando en 8.308,05 puntos, la mayor caída desde los ataques del 11 de setiembre del año pasado, parece mucho (si lo es o no, es otro cantar). La "claque" del mercado culpó a las bajadas de pulgar que recibieron Citigroup, Intel, Ford y especialmente al índice ISM (actividad manufacturera) por el derrumbe, pero lo cierto es que el "olor" se parecía mucho al del pánico. No por nada el Nikkei había cerrado en el mínimo desde 1983 y la tasa de los bonos del Tesoro cayó al mínimo en 40 años. Como suele ocurrir en estos casos, desde la gente de Merrill Lynch hasta los de AXA, salieron a la palestra para tratar de convencer a los inversores que en pocos días más el mercado reanudaría su camino alcista. ¿El argumento? Bastante pobre: básicamente que el número de pesimistas es impresionantemente alto. La sabiduría popular indica que cuando el presidente y los legisladores están trabajando, ningún hombre honesto está a salvo. Curiosamente, ayer el Senado y el Presidente, y hoy la Cámara baja, volvieron a sus funciones habituales luego del descanso veraniego. Esto que puede parecer una broma, con la presión de las elecciones de noviembre y un ataque cada día más inminente sobre Irak, no lo es. Esperemos que el mercado suba, aunque más no sea para calmar las pasiones políticas.

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