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Cuando en enero de 2002, el gobierno decidió promover la devaluación extrema del peso, y en pocos meses le hizo perder 75% de su valor frente al dólar, reintrodujo la inflación en la Argentina, con una fuerza que nadie podía haber imaginado unos meses antes. Hacia mediados de 2002, con un aumento en el precio del dólar de casi 300%, aún suponiendo que el peso hubiera estado a fines de 2001 sobrevaluado en 30 %, los precios internos iban a subir, necesariamente, alrededor de 200%.
Aún hoy, con el dólar habiendo aumentado algo menos de 200% y no 300%, debido entre otras cosas al favorable contexto internacional, el aumento de precios implícito en el proceso devaluatorio que resultó de las medidas de enero de 2002 y los acontecimientos posteriores, sigue siendo muy elevado. Es de esperar que si el precio del dólar se mantiene cercano a los 3 pesos, los índices de inflación terminen agregando otro 70% a los aumentos de casi 70% que ya se acumularon desde diciembre de 2001.
A pesar de que los números que he mencionado hasta ahora pueden resultar de difícil interpretación para los lectores, el argumento que estoy haciendo es de sentido común. Algunas situaciones de la vida cotidiana quizá ayuden a entenderlo.
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