La devaluación llegó en agosto a 16,6 por ciento
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En el mes recién finalizado, los productos agropecuarios aumentaron 16,9%, con subas de 16,2% en los cultivos en general y de 17,6% en el subsector pecuario y cría de animales en general. Los precios de los productos manufacturados aumentaron 13,5%, con incrementos de importancia en los derivados del petróleo (21,6%), textiles (21,3%), y maquinaria y aparatos eléctricos (19,9%).
Los precios mayoristas habían aumentado 3,78% en todo 2001, frente a una devaluación de 12,9%, lo que ya permitió una firme mejora de la competitividad de los productos uruguayos exportables en el año anterior.
A partir de enero de este año, las autoridades uruguayas aumentaron la pauta devaluatoria mensual de 1,2% a 2,4%, y el 28 de junio se pasó a un régimen de libre flotación, lo que, en principio, incrementó fuertemente la diferencia entre la devaluación y la inflación.
Para este año, las proyecciones del programa del gobierno de Jorge Batlle estiman una inflación minorista de 40% y analistas oficiales y privados opinan que será incluso inferior. Sin embargo, esta suba de los mayoristas en agosto es una señal de alerta sobre el alza de los precios, ya que en un mercado altamente dolarizado como el uruguayo, donde los productos importados tienen un peso decisivo y donde, además, se vienen remarcando precios en base a incertidumbre y expectativas de mayor devaluación, la variación del dólar puede impactar fuertemente sobre la inflación futura.
Entre los empresarios se insiste en que no habrá un fuerte rebrote inflacionario y que esta mejora que muestra la competitividad está acomodando la economía uruguaya a la nueva realidad regional y recuerdan que tuvo una contrapartida de pérdida en los años anteriores.
Una elevada inflación en dólares en el período 1990-1995 significó un atraso cambiario de 100% en la relación precios-devaluación, impactando en la competitividad de la economía uruguaya con un elevado aumento de los costos en dólares, una situación que aún hoy dificulta la colocación de productos en el exterior. En la década anterior, a partir en especial de la fuerte revaluación de las monedas en la Argentina y Brasil, la economía uruguaya mantenía buen nivel exportador, pese a que la inflación en Uruguay superaba a la devaluación, al aplicarse una política de baja inflacionaria que utilizó el tipo de cambio como un ancla para frenar el crecimiento de los precios. A partir de 1995, prácticamente se igualaron ambas variables y en 1999 se cerró la década retornando a la deflación en dólares, es decir mayor devaluación que inflación en el mercado interno.



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