El mercado sigue desconfiando. No importa que cada tanto se presente una jornada alcista como la del lunes, al poco tiempo hemos visto una y otra vez cómo se perdía lo ganado e inclusive un poco más. Ninguno de los minirrallies que hemos tenido este año, fueron capaces de llegar a las cinco ruedas de vida. Tal vez, en esta oportunidad las cosas sean un poco diferentes, pero sólo un poco, porque si bien el Dow cerró en 9.706,12 puntos con una mejora de 0,19%, lo cierto es que la ganancia pareció ser más fruto de la casualidad o de una mera cuestión de tiempo, que de verdaderos motivos fundamentales (de hecho casi podría decirse lo mismo del NASDAQ que perdió 0,67%). La jornada arrancó con el Promedio Industrial perdiendo 0,52%, para alcanzar el máximo poco más de una hora después cuando el índice trepaba 0,26 por ciento. De ahí en más el Promedio Industrial estuvo moviéndose una y otra vez pasando del lado ganador al perdedor y viceversa, sin ningún tipo de convencimiento. Curiosamente, o a causa o consecuencia de esta misma falta de una clara definición, el volumen negociado estuvo acotado a 1.178 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.582 en el electrónico. Fuera del sector de la construcción, impulsado por los números de nuevas casas, muy por encima de lo esperado por los analistas, y la baja en los papeles financieros, la mayor parte de la actividad se concentró en el arbitraje de papeles, desprendiéndose de los tecnológicos a favor de los cíclicos. Tal vez los números de Oracle, que se conocieron luego del cierre, sean capaces de darnos un mercado con una orientación más clara. Curiosamente los nuevos atentados en Israel no golpearon esta vez al mercado.
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