El título de esta columna lo dice todo. O, más bien, casi todo. El problema es que no sabemos si esto es por un verdadero cambio de ánimoo, simplemente, la respuesta de un mercado sobrevenido, que apenas hace unas pocas sesiones había marcado la mayor caída del año, y que tan sólo veinticuatro horas antes cerraba en el punto más bajo del año. Motivos con que justificar la suba tuvimos. Desde datos de la macro mejores que los esperados, pasando por un cúmulo de estados contables que presentaban mayores ganancias que las previstas (Nokia, posiblemente la estrella del día, Motorota, eBay, Merck, etc.), sin olvidar un fárrago de anuncios de nuevas fusiones y adquisiciones (Adelphia-Allied Domecq, NYSEArchipielago), más otra ristra de noticias empresariales positivas (Altria, ex Philip Morris, anunció que se encuentra en charlas con el gobierno chino -el mayor mercado para cigarrillos del mundo- para producir allí su marca estrella. La cervecera Anhauser Busch informó que Berkshire Hathaway adquirió un importante paquete de sus acciones, etcétera). Si en este contexto, la tasa de los treasuries a 10 años trepó a 4,304%, fue simplemente (dicen algunos) porque muchos optaron por vender títulos de renta fija y pasarse a las acciones (el volumen negociado en el NYSE fue alto, 1.800 millones de papeles, pero no apuntala esta idea). Para ser sinceros, de no transitar el camino por el que ha venido avanzando (mejor dicho, retrocediendo) el mercado bursátil, sería más que entendible 2,06% que ganó el Promedio Industrial al cerrar en 10.218,6 puntos o 2,54% de ganancia que le tocó al NASDAQ.
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