Numéricamente, la que acaba de terminar fue la mejor semana desde la que siguió a la debacle bursátil, tras los ataques terroristas del 11 de setiembre del año pasado. Si bien con las subas del viernes, cuando el promedio industrial trepó 0,38% para cerrar en 8.745,45 puntos y el S&P ganó 0,35% se marca la cuarta sesión consecutiva de suba para estos índices (el NASDAQ retrocedió 0,79%), las fuerzas en el mercado siguen muy divididas entre los que creen que ya alcanzamos el fin del "bear market", que se inició en marzo de 2000, y los que creen que aún falta para lo peor. Después de todo, a pesar de la suba de 5,2% para el Dow en estas cinco ruedas, 4,66% para el NASDAQ y 5,14% para el S&P 500, aún estamos en promedio más de 10% debajo de los cierres de aquel exuberante 28 de setiembre. Otro factor que contribuyó a atemperar los ánimos en esta última rueda fue la caída en el volumen negociado a niveles más propios del período veraniego, con poco más de 1.200 millones de papeles en el mercado tradicional y 1.300 millones en el electrónico. Si algo puede llegar a significar esto, es que los próximos cinco días cualquier suba, de producirse, probablemente será menos significativa que la que acabamos de tener. De hecho, en el poscierre muchos precios emprendieron el camino de la baja, dejando un mal sabor en la boca de algunos inversores. No hay que olvidar que, para algunos, la suba estuvo vinculada a una rebaja en el costo del dinero, que debería materializarse en los próximos días de la mano de Alan Greenspan. Lamentablemente, la experiencia indica que es mejor no apostar demasiado a que el máximo banquero del mundo pueda lograr lo que busca, luego de repetir infructuosamente por más de dos años la misma estrategia.
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