Al menos para algunos, fue un típico "martes 13". Especialmente, para el máximo banquero del mundo que esperaba que haciendo lo que mejor sabe hacer, esto es seguirle la corriente a lo que dice querer Wall Street, podría cambiar el ánimo de los inversores y disparar el auge económico que tanto necesitan los consumidores norteamericanos, pero especialmente el presidente Bush (quien cada día se ve más cerca de enfrentar unas pésimas elecciones en el próximo mes de noviembre). De hecho, el Poder Ejecutivo también, aparentemente, había apostado a que las cosas podrían salir mejor, ya que, en el mismo momento en que la Fed daba a conocer su "verbatim", se realizaba una cumbre económica presidida por George W. en Waco, Texas (quien también debe haber maldecido esto de salir de la cama el día de la mala suerte). Es cierto que la actividad bursátil anterior al informe de los banqueros estuvo acotada, pero que se esperaba algo al menos "bueno" lo marcó el hecho de que el Dow alcanzó a ganar 0,65% y el NASDAQ trepó 1,34%. Estos datos permiten tener una mejor perspectiva de lo que fue la real caída del mercado, que superó 2,38% de baja que marcó numéricamente el Dow al finalizar en 8.482,39 puntos, o 2,87% que perdió el NASDAQ. Achacar el desplome bursátil al martes 13 es, desde ya, irrazonable. Pero es claro que el mercado no estuvo para nada conforme con las palabras de Alan Greenspan, aun cuando no dijo ni hizo más o menos que lo que el "consenso" del mercado esperaba. Entonces las razones de la baja pasan por otro lado: o los encuestados para estas cosas mienten, o quienes realizan las encuestas son unos incapaces (probablemente ambos), o el mercado sabe algo que todavía no salió a luz. El consejo: al estar entre mentirosos e incapaces, lo mejor es tener cuidado.
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