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• Reparación
Estas cifras deben ser incorporadas a cualquier programa de gobierno. La forma más certera de salir de nuestra empobrecida situación es reparando los daños causados. Como consecuencia de estas decisiones, los patrimonios de muchas empresas y particulares han quedado desarticulados.
Sin depositantes ni deudores solventes no habrá bancos por muchas décadas. Sin empresas no se abrirán los puestos de trabajo y sin individuos pudientes la demanda no sostendrá el nivel de vida a que aspiran los argentinos. El camino es reconstruir, cuidadosamente, los patrimonios expropiados. Establecer convenios de pagos cumplibles para rehacer la riqueza de la comunidad. Un sistema de bonos pagaderos en dólares, para los depositantes y acreedores particulares, y cláusulas de ajuste de precios, para los deudores, pueden combinarse para restablecer contablemente los patrimonios. Con el requisito de que las cuentas cierren, que quede claro para quien sufraga que, es factible acordar combinaciones de activos y pasivos con cláusulas de ajuste, o unidades de cuenta, diferentes que, en el largo plazo, una vez que los equilibrios macroeconómicos se restablezcan, dejen a los distintos individuos en una situación similar a la anterior a la devaluación. En la medida que el Estado logre hacer creíbles esos pagos, los deudores tendrán medios para hacer verosímiles sus obligaciones y el aparato productivo comenzaría a funcionar. La mayor actividad, a su turno, daría más ingresos al fisco, para hacer más apetecible sus obligaciones. Por este camino, todos podrían ir reconstituyendo sus patrimonios. Para llegar a ese punto, además del esquema esbozado, tenemos que acertar en las demás políticas. Pero sin un proyecto como el propuesto no saldremos rápidamente de nuestra pobre coyuntura. Mi trabajo actual sobre las causas de la pobreza me permite afirmar que la riqueza la crean todos los integrantes de una sociedad. El camino está abierto y se bifurca. Podemos optar para, entre todos, generar prosperidad, estudiando nuestras falencias, para superarlas. O inclinarnos por la miseria y contentarnos con señalar supuestos culpables, como los habitantes de Salem tras sus brujas. No es el pasado, el que nos dará prosperidad sino nuestras conductas futuras.
La gente tiene comportamientos llamativos, como el de aquel que, viendo que un hombre se caía de un edificio elevado, le preguntó cómo iba. Y el otro le respondió: por ahora bien. Mien-tras tanto, algunos celebran la calma que precede al tornado. En estos momentos, los desequilibrios macroeconómicos provocados son financiados con expropiaciones ilegales e insostenibles, con el desempleo creciente, la delincuencia agravada, la liquidación de inventarios, la resignación de los acreedores y la paciencia de la población. Pero un día los cobayos dicen basta.



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