Lavagna dixit
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El subsecretario Pyme, Federico Poli, junto a industriales y empresarios en el 1er. Foro Nacional de la Industria (arriba). El ministro Roberto Lavagna y el titular de la UIA, Héctor Méndez (abajo).
Las pymes, las que realmente crean trabajo, se benefician con el proteccionismo de un dólar alto pero no pueden avanzar hacia la eficiencia competitiva y crecer porque les es difícil evolucionar dado lo costoso que les es importar una máquina. O la imposibilidad de abandonar el sector «negro» de la Economía a riesgo de quebrar, aunque con ello sacrifiquen a millones de argentinos sin cobertura social alguna.
• Momento excepcional
Por eso molesta el tono arrogante y admonitorio de Roberto Lavagna a nivel que sólo un auditorio proclive a conciliar puede aceptarle muchas afirmaciones. Por caso su mofa a los economistas y empresarios «ortodoxos». Cabe preguntarse si conocerá el ministro naciones que se hayan desarrollado con sistemas «heterodoxos» cuando hasta China y Rusia rechazaron el dirigismo. Un excepcional momento externo -un ciclo como hace 50 años no se daba- trae un jolgorio especial a la Argentina que permite hacer afirmaciones a funcionarios envalentonados por las circunstancias pero que son un disparate. También dijo que el motor de la mejor situación actual «es el consumo» -lo mismo dice Néstor Kirchner- como si la Ley de Say no existiera. El motor es el sector externo del cual el gobierno saca con retenciones buena tajada que reparte no con un sentido de futuro (invertir en exploración energética, en educación, en formación técnica, en consolidar empresas viables) sino en subsidios, taponar inflaciones y en estatizar con un creciente gasto público que puede destruir hasta la sorpresiva bonanza actual.
En el esquema Lavagna hay afirmaciones hasta incoherentes al decir que el «dólar alto no les gusta a los inversores en colocaciones financieras». Al especulador financiero le encanta que un gobierno fuerce la estabilidad cambiaria para no tener pérdida cuando, tras lograr una exagerada renta en títulos públicos, vuelva a comprar dólares para sacarlos del país. Es tan paradójica esta economía de bonanza externa explosiva que si el gobierno no apuntalara el dólar y éste bajara, la ganancia financiera sería mucho mayor que el casi 20% que alcanzó en los últimos 30 días. Por eso hasta es patriótico hoy mantener un dólar alto pero la petulancia del ministro le hace hablar al revés.
Otras incongruencias son que «el tipo de cambio no se fija por decreto». ¿Para qué lo necesitaría si opera con el Banco Central la paridad que quiere? Se sumó el ministro a la crítica de la «horrorosa década del '90» con sobrevaluación del peso. Pero no dijo que por eso la industria argentina llegó a primer nivel mundial en tecnología de punta y con eso -con un parque industrial mucho más antiguo ahora por falta de inversión- se sigue satisfaciendo el consumo que tanto enorgullece al gobierno. Pero no hay futuro si no hay más trabajo, si se agotan las reservas y si hay acechanza inflacionaria.
• Mutantes
Se resume ello en que no hay inversión en niveles adecuados y menos en sectores clave, metalmecánicos por ejemplo. Y no la hay cuando pese a que al que traiga un dólar le dan $ 2,90. No está en el vestuario de Lavagna la ropa de brillo que seduce inversiones.
El ministro cree haber acumulado fama para presidenciable. Puede reírse de la ortodoxia y la iniciativa privada ante un Foro empresario que se lo toleró cuando se hubiera horrorizado apenas unos pocos años atrás por conceptos así. En fin, los argentinos somos mutantes.
Mucha gente -la simple pero también funcionarios y hasta periodistas- cree que fue el artífice de una magnífica negociación de la deuda que siempre se la conceden a un país que cayó en cesación de pagos. Sin las demoras y artilugios de Lavagna y el negociador Guillermo Nielsen seguramente la quita no hubiera sido tan alta pero por lograrla y demorar tres años se perdieron alrededor de 20.000 millones de dólares en inversiones (la Argentina de ser el primer atractivo latinoamericano en los '90 pasó al quinto lugar detrás de México, Brasil, Colombia y Chile en 2003/ 2004). Eso se traduce en los índices de pobreza (42%), de desempleo y subempleo (16%). ¿No hubiera sido mejor más rápido y no irritar al mundo con una quita que, además, es falso que se la mencione como de «77%» porque los 20.000 millones que no aceptaron entrar al canje no perderán todo y los 20.000 millones de inversiones perdidas reducen el logro?
• Audacia
Lavagna aunque impresione menos vale más después del canje de deuda que antes. Ahora es reconocido que castigue bien carteles de acuerdos de precios como en el cemento, pronuncie frases audaces y certeras como «si los sindicalistas dicen que los aumentos salariales, fuera de mejora de la competitividad, no traen inflación ¿por qué no duplicamos o triplicamos los sueldos?». Combate bien la inflación y el gasto del Estado creciente aun cuando sabe que no puede frenarle la demagogia al kirchnerismo hasta la elección de octubre. A diferencia del gobierno Lavagna no se obnubila con los «récords» de recaudación de la AFIP porque sabe que apenas si acompañan, como siempre corresponde, con el crecimiento del PBI y forzando el accionar sobre las pymes para ello. Y no ignora que de aquí depende el nivel de empleo.
Roberto Lavagna sueña con llegar a presidir el país a partir del conocimiento de la Economía, algo que cercanamente logró Carlos Pellegrini en 1890. Pero Pellegrini era un «ortodoxo» coincidente, como ahora, con un próspero momento externo que utilizó muy bien para lanzar la Argentina moderna y de alto desarrollo de los siguientes 40 años.




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