19 de agosto 2004 - 00:00

Lavagna hace hoy lo contrario de lo que recomendó en enero

Roberto Lavagna
Roberto Lavagna
El 7 de enero pasado, el diario «La Nación» publicó en su tapa un artículo de Roberto Lavagna bajo el título «Un plan realista y serio para la deuda». Allí el ministro sostenía: «Existe otro tipo de error y es el que surge de decir que el año 2002 era el mejor momento para renegociar la deuda privada. Esto es totalmente incorrecto, primero porque ignora el prerrequisito antes indicado que era, y es, la necesidad de tener en orden el frente con los organismos multilaterales de crédito y la preferencia de pago que el G-7, con la aceptación de la Argentina, acuerda a ellos».

Pasaron nada más que 8 meses y el ministro ha de querer borrar estas palabras del archivo del diario. Porque hoy Lavagna se encamina a renegociar la deuda privada sin tener en orden el frente con los organismos multilaterales de crédito. Es decir, en el peor escenario: iniciará su road show cuando el Fondo Monetario suspendió las negociaciones con la Argentina después de negarse a aprobar las metas alcanzadas por el país en oportunidad de la tercera revisión.

• Ventaja

La lentitud con que el ministro viene negociando tiene para él, por lo menos, una ventaja: la opinión pública se olvida de todo lo que dijo sobre la gestión que lleva adelante, de manera incoherente, contradictoria, tal vez costosa. En enero pasado no se podía enfrentar a los bonistas fuera del marco de un entendimiento claro con el Fondo; ahora, lo más conveniente es hacerlo de esa manera. «La realidad debe parecerse a las ideas y si no se parece, peor para la realidad», decía Hegel, a quien tal vez Lavagna leyó.

Cuando el ministro publicó aquella nota, Néstor Kirchner superpuso su voz para decir lo contrario. El mismo 7 de enero afirmó en un programa de TV por cable: «Si esta deuda se hubiera negociado en la crisis máxima, cuando decían que la Argentina se disolvía, hubieran arreglado con una quita de 90%, ¿o no? Bueno, ésa es otra historia, si se hubiera arreglado por ahí en 2002, pero yo no estaba en ese momento». La culpa, entonces, era de Eduardo Duhalde y de sus ministros de Economía, Jorge Remes Lenicov y, obviamente, Lavagna.

¿Sigue existiendo esta disidencia entre el Presidente y su colaborador en Hacienda? ¿O Lavagna terminó de convencer a Kirchner justo en el momento en que él mismo, por mala praxis, se apartó de su doctrina? Pésimo negociador, el ministro de Economía pagó religiosamente al Fondo para quedar fuera del acuerdo en el peor momento, si se aceptan sus propias indicaciones. Ahora hace de la necesidad virtud.

Parcialmente, claro. Porque el gobierno espera la visita de Rodrigo Rato con ansiedad para corregir lo que considera (en enero y ahora) un esquema de negociación desafortunado. El titular del Fondo Monetario Internacional está ofuscado con la Argentina y, en especial, con Lavagna, a quien considera un hombre de palabra voluble desde que era ministro de Finanzas de España. El titular del Palacio de Hacienda intentará corregir esas impresiones cuando este madrileño llegue a Buenos Aires, el próximo 31. Se propuso arrancarle a Rato una declaración, aunque sea informal, sobre la aceptable calidad de la oferta argentina.

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