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Quien está habituado a Punta del Este sabe que aún fuera de temporada jamás hay tan poca gente. Ni siquiera llegan a estas playas los uruguayos. A ellos les llegó la recesión con fuerza y prefieren quedarse en sus ciudades. Viajar un viernes por la autopista, es similar a un día de semana por la escasa circulación.
Las playas que están entre las más lindas del mundo, parecen ignorar la recesión y lucen preparadas para recibir a la gente. Se tiene la sensación de que en cualquier momento estallará un ruido multitudinario de voces y los restoranes, casino, comercios y discos, se poblarán de gente. Esa estructura no genera indiferencia, de cualquier manera los turistas llegarán.
A medida que se comienza a caminar por la ciudad uno se da cuenta de que los precios son caros aún para los mismos uruguayos aunque falte mucho para enero.
No es culpa de los uruguayos que el dinero argentino valga tan poco. Pero quien quiera un almuerzo o cena económica lo pagará el doble o más que en Buenos Aires.
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