21 de junio 2004 - 00:00

Los bancos vuelven a instalar cajeros

En la Argentina hay unos 4.000 cajeros. Son pocos en relación con la población, pero al menos los bancos volvieron a comprar y a instalar los que tenían guardados desde la crisis.
En la Argentina hay unos 4.000 cajeros. Son pocos en relación con la población, pero al menos los bancos volvieron a comprar y a instalar los que tenían guardados desde la crisis.
Este año se venderán unos 500 cajeros automáticos, cifra que respecto del año pasado representa un importante crecimiento, pero que, de todos modos, es apenas un tercio de lo que las empresas importadoras colocaron en 1998: 1.500. Así lo reveló Claudio Muruzábal, CEO para la región de NCR/ Teradata, una de las dos empresas que proveen de ATM (cajeros automáticos, por sus iniciales en inglés) a las entidades financieras argentinas. «En el país hay activos unos 4.000 ATM, lo que da un promedio aproximado de un cajero por 10.000 habitantes. Es muy bajo en relación con otros países, no sólo los más desarrollados (como España o Estados Unidos, que están en 1 ATM cada 1.500 o 2.000 habitantes), sino incluso dentro de la región, como Brasil.» Sin embargo, la tendencia parece lentamente comenzar a revertirse. Desde el fin de la convertibilidad «desaparecieron» cerca de 1.000 ATM, a causa de atentados, cierres de sucursales bancarias o sencillamente porque no era económico mantenerlos en relación con el uso que le daba el público; pero ahora, con la actividad financiera en crecimiento, «ya no quedan casi cajeros guardados en depósitos o bodegas», asegura Muruzábal. De hecho, varias entidades financieras han encargado máquinas a los proveedores, para renovar su parque o para instalarlas en nuevas ubicaciones; también hay una especie de puja por los 200 cajeros que tenía el desaparecido Banco Velox en otras tantas sucursales de la cadena Disco y cuyo destino es aún incierto.

La otra división de la corporación estadounidense, Teradata, está cerrando acuerdos con empresas para dotarlas de « inteligencia de negocios», herramientas que permiten identificar las necesidades de los clientes/usuarios y usar esa información para optimizar las ventas. «Tomemos el caso de las empresas de telecomunicaciones», dice Muruzábal ( Telefónica de Argentina es uno de sus clientes); «ya no alcanza con vender GSM porque dentro de poco será un commodity que tendrán los dos o tres grandes jugadores que quedarán en el mercado regional. Quien atienda el teléfono en el call center deberá saber todo sobre el cliente que está atendiendo para ofrecerle productos, soluciones, comodidades». Dice que en el caso de los supermercados ( Carrefour y La Anónima, entre otros) los contratan para saber qué tienen que tener en las góndolas y en qué momento. «Por caso, en Estados Unidos, nuestro cliente Wal-Mart detectó que los viernes los carritos se cargaban inusualmente de pañales y cerveza al mismo tiempo. Después de una investigación descubrimos que ese día la compra la hacía el hombre de la casa, que aprovechaba el viaje al híper para proveerse de la cerveza para mirar el partido de fútbol americano del domingo, y de paso llevaba los pañales que le encargó la esposa. Esta clase de información permite hacer promociones, 'cross-selling', etc.» Y como en tantas otras áreas de la economía, lo barato que son hoy los recursos humanos argentinos permite que Teradata esté exportando desde Buenos Aires buena parte de su producción de « inteligencia». Y si bien Muruzábal no revela el porcentaje que representan esas exportaciones de su facturación total, admite que «son una buena parte de las ventas: hasta hace poco 51% de nuestra gente estaba trabajando para clientes de fuera del país».

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