24 de julio 2002 - 00:00

Los mercados que más siguen los argentinos

• JAPÓN

La Bolsa de Tokio finalizó con un alza marginal gracias a la depreciación del yen frente al dólar, lo que mejora la rentabilidad de las empresas exportadoras japonesas que constituyen uno de los principales sectores económicos del país. De esta forma, índice Nikkei avanzó 26,62 puntos (0,26%) y cerró en las 10.215,63 unidades. Durante la primera mitad de la rueda, el recinto nipón sufrió las secuelas de las bajas en Wall Street y se movió hacia abajo llegando a rondar los 10.000 enteros. Pero tras ello, el debilitamiento del yen frente al dólar y las compras de varios fondos de pensiones empujaron logrando revertir la tendencia llevando al mercado del lado ganador. Así, lo mejor de la sesión pasó por las firmas automotrices, las de alta tecnología y los bancos. Del otro lado, se ubicaron las compañías metalúrgicas y las farmacéuticas.

• LONDRES

La Bolsa de Londres sufrió ayer una nueva baja, afectada por la desconfianza de los inversores tras la sucesión de escándalos contables en los Estados Unidos. De esta forma, el índice FTSE 100 se contrajo 37,5 puntos, equivalente a 0,96%, y cerró en los 3.858 enteros. Con el descenso de ayer, el mercado londinense se ubicó en su menor nivel desde agosto de 1996. La jornada se inició con una marcada tendencia bajista, pero en las últimas dos horas de operaciones la caída perdió impulso en gran parte debido a la buena apertura de los mercados en Nueva York. Entre los perdedores de la rueda se destacaron las aseguradores y los bancos. La aseguradora Royal & Sun cayó 10,6%, y Prudential, que hoy anunciará su balance semestral, cedió 8%. Asimismo, la entidad financiera Barclays descendió 3,8%, mientras que Lloyds TSB se replegó 3,2.

• SAN PABLO

No hay nada nuevo para decir. En realidad sí, que el Bovespa cayó en términos nominales al mínimo de los últimos 35 meses: 9.745,83 puntos, tras caer 1,48% y que el real cerró en 2,92 por dólar, el valor más bajo desde que hiciera su aparición en 1994. Más allá de esto, lo de siempre: un efecto contagio con la debacle norteamericana, las encuestas para la próxima contienda presidencial que siguen favoreciendo a la oposición, la intervención cada vez menos efectiva del Banco Central en el mercado cambiario, la ausencia de nuevos planes de apoyo internacional y algunas dudas sobre el accionar del Copom que se resolverán en horas. En definitiva, nada nuevo ni nada que no se hubiera podido anticipar -al menos-por alguna parte del mercado. En este escenario no queda nada para decir, salvo que hay que aguardar a que la marea cambie ¿Cuándo? Cuando corresponda y cuando lo que está mal mejore.

• CHILE

Pensar que unos meses atrás, una merma como la de ayer apenas hubiera recibido la atención de nadie. Ayer sin embargo, marcó algo así como la entrada en una dimensión desconocida para muchos inversores, la zona de los 70 puntos. Cerrando en 79,85 unidades, el IPSA quedó en el mínimo no sólo de 2002 sino en el punto más bajo en varios años. El consuelo es que el piso está más cerca, pero para un mercado que se ha estado cayendo como un paracaidista que no puede abrir su velamen, esto poco o nada importa. Los motivos de la merma fueron los mismos de la jornada anterior, y de la semana precedente o del mes pasado, así que poco o nada importan. El mercado simplemente está sacando a la luz una serie de falencias que venía ocultando en los últimos años y que podrían deparar todavía algunas sorpresas negras, especialmente en la zona de las AFP.

• MÉXICO

Entre el comentario del lunes y el de ayer, casi nada hay para agregar. Apenas algunas diferencias en los números, esta vez el IPC cayó 3,62%, 10 centésimos más que el lunes, y cerró en 5.892,41 puntos. La razón de la merma, sin embargo siguió siendo la misma, un claro efecto contagio o si se quiere, la huida de los inversores norteamericanos al riesgo azteca, lo que se manifestó en la liquidación de los ADR de firmas mexicanas y efecto depresor que esto indujo mediante el arbitraje de carteras. La conclusión es entonces la misma, sólo resta esperar a que las cosas mejoren en los EE.UU. para que algo pueda repuntar localmente, o que por alguna misteriosa razón, el mercado local vuelva a «desengancharse». Ninguna de estas dos condiciones están en manos de los inversores y las autoridades estatales -que son las que podrían hacer algo- han demostrado suficiente incapacidad como para no esperar nada de ellos.

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