E l malhumor era visible antes de que sonara la campana, en el desplome de las Bolsas asiáticas (amenaza de bomba en la Embajada de EE.UU. en Tokio). Así los grandes índices accionarios arrancaron a la baja, se recuperaron un poco a mediodía, volvieron a ceder por la tarde y poco antes del cierre tuvimos el acostumbrado rally final. Si analizamos la rueda fuera del contexto temporal diríamos que fue un día como cualquier otro, aunque bajista, ya que las Blue Chips perdieron 1,26% a 9.990,02 puntos, mientras el NASDAQ cedió 1,14%.
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Pero el tiempo existe. Entonces vemos que el volumen fue uno de los más altos en tres semanas, lo mismo que la proporción entre papeles perdedores y ganadores (10 a 1), que el dólar cerró en el máximo de los últimos ocho meses frente al yen, que los treasuries continuaron su camino descendente, que el incremento de la producción petrolera de los saudíes paso casi inadvertido (aunque fue un mal día para las empresas del sector, seguidas de cerca por las bancarias y el "acuerdo" del Citigroup por el "affaire" WorldCom) y que por primera vez desde el 10 de diciembre pasado el Dow quedó debajo de los 10.000 puntos. Podemos reiterar una vez más el rosario de "malas" que están pesando sobre el mercado, pero esto es una pérdida de tiempo. Tal vez lo más novedoso fueron los rumores de que la eventual suba de tasas de la Fed se adelantaría al mes que viene. Esto se entronca con la situación iraquí, donde la información que, de a poco, va revelando la Cruz Roja Internacional sugiere que la tortura formó parte de una decisión oficial y no meros hechos aislados.
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