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"Ciertamente la economía brasileña va a crecer, si no tanto como nos gustaría que creciera, va a crecer lo que es posible crecer. Pero es importante que todo el mundo sepa que Brasil todavía tiene una economía vulnerable", dijo Lula al hablar en una fabrica de General Motors en el estado de Sao Paulo.
Lula indicó que la economía de Brasil es "vulnerable porque debemos mucho, porque parte de nuestra deuda está dolarizada, porque los proyectos que queremos tener para hacer una verdadera revolución en la infraestructura de este país tienen problemas".
El presidente brasileño, que enfrenta una fuerte caída en su popularidad, según las encuestas recientes, asumió hace 15 meses en medio de una gran expectativa popular y necesita en forma urgente que la economía del país vuelva a crecer este año, tras experimentar en el 2003 su peor desempeño en 11 años, con una contracción del 0,2 por ciento.
Las previsiones del gobierno y los analistas privados indican que el Producto Interno Bruto (PIB) de Brasil crecería este año en torno al 3,5 por ciento.
Lula, en su discurso, resaltó logros de su gobierno como récords de exportaciones y expansión de la agricultura, pero admitió que aún existen problemas.
Mientras Lula hablaba, cerca de 1.000 personas protestaban contra el cierre de centros de juegos de apuestas conocidos como bingos, una medida decidida el mes pasado por el presidente luego de que estallara un escándalo político que obligó a dimitir a un asesor de la presidencia.
El ex asesor, Waldomiro Diniz, fue filmado en el 2002 cuando era titular de la Lotería del Estado de Río de Janeiro pidiendo dinero a un empresario ligado a la industria de los bingos para financiar campañas electorales del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula y para el mismo Diniz.
El escándalo, que golpeó la imagen del jefe directo de Diniz y principal estratega político del gobierno, José Dirceu, también provocó tensiones en la coalición formada por Lula para gobernar, desde donde partieron críticas a la política económica del presidente, caracterizada por su rigor fiscal y monetario.
Lula, sin embargo, calificó a esas críticas como divergencias vinculadas con el posicionamiento de las agrupaciones ante las elecciones de octubre, en las que se elegirán alcaldes en todo el país.
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