Cuando comenzó julio, las intensas nevadas en la Patagonia generaron una gran cantidad de problemas para la ganadería del sur del país y en particular para los productores de ovinos. En la Argentina existen aproximadamente 15 millones de ovejas distribuidas en algo más de 78 mil establecimientos agropecuarios. El mayor número se encuentra en la Patagonia, con aproximadamente seis millones de cabezas, y se estima que entre el 50% y 70% de esa majada se perdió por las nevadas. Aún hoy se cuentan de a miles los animales que quedaron atrapados bajo la nieve o los que fueron rescatados y muestran una situación crítica.
En un abrir y cerrar de ojos es posible pasar de la nieve a la sequía. En el norte del país la siembra de trigo comenzó con mucha expectativa, porque en el inicio de la campaña los valores del cultivo ilusionaron a los productores que encontraron en medio de la pandemia una demanda creciente de un grano clave para la generación de alimentos. Hoy esa necesidad sigue presente, pero el impacto de la sequía encendió las alarmas. Se estima que ya se perdieron entre 2 y 3 millones de toneladas en la franja central del país. Esa región es una de las más castigadas por la falta de agua y si bien la caída en la producción es fuerte, habrá que esperar algunas semanas para saber si finalmente tendrá o no efecto en el mercado interno o en la exportación. Los saldos finales podrían quedar ajustados por los compromisos adquiridos para enviar trigo al exterior y la necesidad de molienda para consumo local.
El déficit hídrico también tiene consecuencias en el girasol, oleaginosa que suele brillar en el noreste del país. Allí, las dificultades llegaron para algunos lotes del centro norte de Santa Fe y por eso, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires recortó la estimación de siembra en 200 mil hectáreas, dejando la superficie a implantar en 1 millón y medio de hectáreas. Para evitar un recorte mayor, será fundamental observar la evolución del clima durante los próximos días.
Al comenzar septiembre, todas las miradas apuntan al maíz. Este cereal fue la gran estrella de la campaña pasada porque con 50 millones de toneladas superó a la soja, algo que no pasaba desde hacía 20 años. Además el precio del maíz acaba de tocar los valores máximos en la campaña 2020/21 y se encuentra en un intenso rally alcista después de tocar los mínimos a fin de abril y principio de mayo, cuando el desplome del precio del barril de petróleo lo arrastró por ser materia prima para la fabricación de biocombustibles.
Ahora empieza la etapa de siembra de maíz en zona núcleo, pero por la falta de agua es probable que algunos lotes se pasen a maíz tardío y si las lluvias siguen sin aparecer, el salto siguiente para muchos productores será abandonar el maíz y probar suerte con la soja.
Alberto Morelli, presidente de MAIZAR (Asociación de Maíz y Sorgo), asegura que “no hay una previsión de que haya una disminución de área por efecto de la sequía, porque todavía hay posibilidades concretas de siembra del maíz tardío y de hecho es probable que se logre una siembra similar a la del año pasado”.
La sorpresa este año la podría dar el sorgo ya que el área implantada se incrementaría en un 30%. Durante el año pasado el cultivo tuvo buen precio de venta por las exportaciones a China y hoy el negocio permitiría obtener mejores márgenes que el maíz cuando suele ser a la inversa. Además, en cuanto al clima el sorgo tiene mayor habilidad para sortear la sequía por lo tanto el área de siembra pasaría de 800 mil a 1 millón de hectáreas. De hecho, los proveedores materiales con mejor genética aseguran qué ya no hay stock.
Por último, la gran pregunta es qué pasará con la soja. Por ahora no hay expectativas acerca de un aumento de área, pero habrá que esperar que el maíz juegue su partido. Ya se estima que en soja los perfiles de suelo con poca reserva de agua van a complicar la siembra temprana y por eso muchos productores esperarán que las condiciones climáticas mejoren con el correr de los meses. Para la oleaginosa también hay un escenario promisorio de precios, con subas importantes registradas en los últimos días de agosto. Los problemas climáticos en Estados Unidos que ajustarían la oferta del cultivo a nivel global y las compras de China también presionan los valores al alza, por eso todos esperan llegar en buenas condiciones de suelo a la última semana de octubre, cuando comienza la fecha ideal de siembra, pero para eso falta mucho. Para saber cómo termina la película habrá que esperar porque el clima será el protagonista hasta marzo, cuando finalice la campaña de granos gruesos. Por ahora hay final abierto.
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