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Las bolsas chinas sufrieron este lunes uno de los mayores desplomes de su historia, el mayor desde 2007, con caídas de 8,48 por ciento en Shanghái y 7,59 por ciento en Shenzhen, apenas dos semanas después de empezar a recuperarse de su peor mes, en el que llegaron a perder un tercio de su valor.
Dado que su actividad supone cuatro quintas partes del volumen de negocio diario de las bolsas chinas, la actitud de estos inversores fue clave en los siete meses de burbuja alcista que hubo desde 2014 y en su fuerte caída de junio y julio, que sólo pudo ser frenado con una fuerte intervención de las autoridades en los mercados.
Con medidas como fuertes inyecciones de financiación para el crédito marginal (para que firmas y particulares lo puedan invertir en bolsa) y la movilización de todo tipo de entidades bajo control estatal para estabilizar las Bolsas, con apoyo de algunas firmas privadas, la sangría se frenó el día 9.


