¿Mejora la seguridad?
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P.: ¿A qué se refiere?
P.: ¿A qué se refiere?
P.: ¿Qué es lo que hay que hacer, a su juicio?
A.M.: Estar en el grupo de los que entren en la intervención cuando ésta se produzca. Es importante desde el punto de vista político y también de seguridad. Primero, porque la sangre que corra allá será la de los que vayamos, no de nuestros parientes o vecinos. Segundo, porque si el problema se nos traslada, y no participamos en la solución de entrada, entonces tendremos que soportar que nos aíslen.
P.: ¿Cuándo piensa que habrá que tomar esa decisión?
A.M.: En noviembre.
P.: Hay rumores sobre la presencia de cuadros de las FARC en el país. ¿Es leyenda?
P.: Es habitual en estos días escuchar visiones del futuro bastante apocalípticas: desbordes sociales, violencia y represión. ¿Cuánto hay de probable?
A.M.: Yo no lo veo como un fenómeno inevitable. La contención total está. Además, no hay que prestarse al juego de los que especulan con la violencia por motivos ideológicos. Separar la paja del trigo. Nadie quiere que se reprima a la gente que está con necesidades extremas. Tampoco tolerar estados de agitación premeditados. Pero no hay un estado de insurgencia.
P.: ¿Usted cree que las fuerzas de seguridad podrían ser desbordadas y abrir una participación a las fuerzas armadas?
A.M.: No, de ninguna manera, por varias razones. Por un lado, no quieren. Por otro, no tienen el dispositivo necesario para reprimir, si no fuera usar armas letales, que también las tienen las fuerzas de seguridad. Además, acá se piensa muy fácilmente que haya muertos, pero no hay institución que hoy soporte muertos en su historial. Todo depende de cómo el gobierno maneje las situaciones de inseguridad. No se trata de reprimir por reprimir. Hay que hacerlo en el momento justo, cuando la represión se vuelve legítima socialmente. Pero esperemos no llegar a eso.
P.: ¿Cuál es la zona que más lo preocupa?
A.M.: Decididamente el Gran Buenos Aires. Supongamos que haya que hacer un rastrillaje. 1.000 hombres en La Matanza son nada. 3.000 hombres en La Matanza y Morón, se pierden. Hay recovecos, zonas de alta conflictividad mezcladas con barrios de clase alta. La clave es la Policía Bonaerense. El día que se abstenga, ahí usted tiene el problema. Y están tolerando situaciones complicadas: los amenazan con pagar el sueldo con bonos, matan a uno de ellos todas las semanas y nadie va a los entierros, pero esto no significa que haya síntomas de desaliento evidentes.




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