6 de marzo 2002 - 00:00

¿Mejora la seguridad?

PERIODISTA: ¿Cómo está viendo la situación general en materia de seguridad? Alto mando: Estamos en una situación complicada, pero mejor que la de hace 15 días. Al haber un presupuesto, aunque sea dibujado, y al haber un acuerdo con los gobernadores, aunque no se lo pueda hacer cumplir, existen referencias como para empezar a hablar afuera. Esto da la idea de un principio de organización, por lo menos, que también distiende en el plano de la seguridad. Esto tiene que ver también con una situación regional complicada.

P.: ¿A qué se refiere?

A.M.: A señales de intranquilidad regional en Venezuela y, sobre todo, en Colombia. Y en este punto debemos ser muy claros en la manera de actuar y en la defensa de nuestro interés.

P.: ¿A qué se refiere?

A.M.: Desde los Estados Unidos se le ha sugerido al gobierno, en distintas oportunidades, que debe levantarse el perfil en el problema colombiano. Y en la Argentina todavía hay un debate demasiado amplio sobre lo que hay que hacer.

P.: ¿Qué es lo que hay que hacer, a su juicio?


A.M.:
Estar en el grupo de los que entren en la intervención cuando ésta se produzca. Es importante desde el punto de vista político y también de seguridad. Primero, porque la sangre que corra allá será la de los que vayamos, no de nuestros parientes o vecinos. Segundo, porque si el problema se nos traslada, y no participamos en la solución de entrada, entonces tendremos que soportar que nos aíslen.

P.: ¿Cuándo piensa que habrá que tomar esa decisión?


A.M.:
En noviembre.

P.: Hay rumores sobre la presencia de cuadros de las FARC en el país. ¿Es leyenda?

A.M.: Sí, absolutamente. Hoy no hay nada.

P.: Es habitual en estos días escuchar visiones del futuro bastante apocalípticas: desbordes sociales, violencia y represión. ¿Cuánto hay de probable?


A.M.:
Yo no lo veo como un fenómeno inevitable. La contención total está. Además, no hay que prestarse al juego de los que especulan con la violencia por motivos ideológicos. Separar la paja del trigo. Nadie quiere que se reprima a la gente que está con necesidades extremas. Tampoco tolerar estados de agitación premeditados. Pero no hay un estado de insurgencia.

P.: ¿Usted cree que las fuerzas de seguridad podrían ser desbordadas y abrir una participación a las fuerzas armadas?


A.M.:
No, de ninguna manera, por varias razones. Por un lado, no quieren. Por otro, no tienen el dispositivo necesario para reprimir, si no fuera usar armas letales, que también las tienen las fuerzas de seguridad. Además, acá se piensa muy fácilmente que haya muertos, pero no hay institución que hoy soporte muertos en su historial. Todo depende de cómo el gobierno maneje las situaciones de inseguridad. No se trata de reprimir por reprimir. Hay que hacerlo en el momento justo, cuando la represión se vuelve legítima socialmente. Pero esperemos no llegar a eso.

P.: ¿Cuál es la zona que más lo preocupa?


A.M.:
Decididamente el Gran Buenos Aires. Supongamos que haya que hacer un rastrillaje. 1.000 hombres en La Matanza son nada. 3.000 hombres en La Matanza y Morón, se pierden. Hay recovecos, zonas de alta conflictividad mezcladas con barrios de clase alta. La clave es la Policía Bonaerense. El día que se abstenga, ahí usted tiene el problema. Y están tolerando situaciones complicadas: los amenazan con pagar el sueldo con bonos, matan a uno de ellos todas las semanas y nadie va a los entierros, pero esto no significa que haya síntomas de desaliento evidentes.

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