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6 de noviembre 2014 - 21:48

Motín derrotado: Draghi salió victorioso, aunque pagará facturas

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La venganza es un plato que se sirve frío, pero Mario Draghi este jueves lo paladeó humeante con una frialdad propia del mejor florentino. El comunicado del BCE expulsó toda ambigüedad. El banco central continuará con las compras de bonos cubiertos iniciadas en octubre, y pronto sumará ABS (fideicomisos titulizados). Se dedicará a ello durante dos años como mínimo, y junto con los pases de largo plazo (TLTROs), que no cesarán hasta junio de 2016, "tendrán un impacto sustancial en nuestra hoja de balance", esperándose "que se dirija hacia las dimensiones que tenía a comienzos de 2012". 

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¿Está claro? La expansión cuantitativa llegó a la Europa del euro para quedarse hasta 2016. ¿Alguna duda? Sí. ¿El objetivo es igualar la cuantía de los activos del BCE a enero de 2012 o a marzo de 2012? No hay respuesta. Pero, en el peor de los casos, la expansión será de 700 mil millones de euros. Un 35%. Y, en el más ambicioso, de un billón. O el 50%. Draghi ya nos lo había contado en la conferencia de prensa en septiembre. ¿Se extralimitó entonces en sus declaraciones? Júzguelo usted mismo: la frase está estampada ahora en un documento con membrete oficial. 

Y esto no termina aquí. Si hubiera que redoblar el ataque a una situación de muy baja inflación, "el Consejo de Gobierno es unánime en su compromiso de usar instrumentos no convencionales adicionales, dentro de su mandato". Más aún, el staff del banco central y los comités relevantes del eurosistema ya han sido impuestos de la tarea de elaborar con antelación esas medidas para ser implementadas, si fuese necesario.
Pregunta obligada: ¿Qué se considera fuera del mandato del BCE? Contestación del romano: si no se trata de financiación directa al Tesoro, cabe en nuestra órbita. 

El motín fracasó. Las palabras claves de la lucha intestina son expansión de la hoja de balance y unanimidad. Por eso están regadas en el comunicado, y Draghi las remachó en la conferencia ulterior. Ratificó así que conserva el control del timón del BCE. "Nuestra hoja de balance continuará expandiéndose en todos los escenarios", afirmó sin titubear. Pero la rebeldía existió. No hay mejor prueba de la veracidad de la nota de Reuters que todas las coartadas que aporta el BCE para darle respuesta punto por punto: la súbita unanimidad, que se sabe no es tal, o las frases de la discordia, santificadas. ¿Será que Draghi toma prisioneros? Nadie se sorprenda si Jens Weidmann , titular del Bundesbank, sigue los pasos de sus connacionales Axel Weber y Juergen Stark, y -en señal de una disconformidad disciplinada vaya a saber cómo- opta por dar un paso al costado. 

¿Venció Draghi? Hoy, sí. Pero existen las victorias pírricas. Ganó Europa, sin dudas, al priorizar la unidad del discurso del BCE y no tolerar el zafarrancho. Es lo último que podía permitirse. No obstante, que se vaya a cumplir lo que reza el comunicado es harina de otro costal. Cuando se observe que la hoja de balance del banco central aumenta se podrá acreditar, euro por euro, la validez de los dichos. ¿Terminó aquí la disputa? Ya citamos a Weber. El candidato de Angela Merkel para presidir el BCE pegó el portazo en febrero de 2011, cuando la crisis griega despuntaba, porque la política monetaria no respetaba el manual alemán. Van a cumplirse cuatro años ya, y las herejías no convencionales van en ascenso. No habrá paz con los germanos. La próxima objeción será presumiblemente legal. Y de seguro, Draghi, o un representante, tendrán que vérselas (otra vez) con el Tribunal Constitucional alemán. 

El drama va más allá. Los problemas de fondo son dos. Que Europa se hunde peligrosamente, y que la mejor solución disponible, a Alemania le disgusta hasta los huesos. ¿Qué revolución pretende Draghi, después de todo? Volver las agujas del reloj a comienzos de 2012. ¿Será un sacrilegio? Desde entonces la FED aumentó sus activos en el 53% (mientras el BCE los redujo en un tercio). Y la FED, lejos de hervir en el infierno del Dante, se arrima ahora a la situación que Weber, Stark y Weidmann tanto ansiaron: la de poder regresar a la añorada normalidad.

* Economista

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