Finalmente, luego de coqueteos, versiones encontradas y hasta guerras de precios, el flamante y hasta ahora ignoto fondo Pegasus se quedó con la cadena de disquerías Musimundo. Y si bien no se divulgaron los términos económicos de la operación, trascendió que dicho fondo se habría hecho cargo de la empresa fundada en Villa del Parque por la familia Garber sólo por la deuda concursal. ¿Qué representa eso? Un monto pesificado de $ 196 millones, sobre los cuales se aplicaría una quita cercana a 60%, con un plazo de repago a 15 años y con 8 de gracia.
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Las condiciones parecerían más que favorables para los adquirentes si -tal como lo puso una alta fuente de la industriano estuvieran «comprando un cadáver». Las razones para tan drástica afirmación pasan por varios factores:
• un altísimo deterioro de la marca Musimundo entre los consumidores argentinos, provocada por el hecho de que desde hace al menos tres años sus sucursales «no tienen nada» (léase material discográfico o artículos electrónicos). Será difícil volver a convencer a los compradores de música y aparatos de que podrán encontrar lo que buscan en la cincuentena de sucursales que le van quedando a la cadena, que en tiempos en que era de The Exxel Group llegó a tener 125 casas. Sobre todo, porque ya han afincado sus lealtades en otros comercios;
• una abrupta caída en el consumo de música envasada, fenómeno no sólo argentino, sino mundial, por efecto de la «bajada» de Internet y -en mucha mayor medida en nuestro país-por la piratería, el «truchaje» y la reproducción ilegal. Y si bien los flamantes dueños de Musimundo se jactan de tener todavía 55% del mercado discográfico argentino, se trata de un porcentaje alto sobre una torta que se achica cada vez más. Y, además, es un porcentaje sobre lo legal, hoy apenas una fracción de lo «trucho»;
• de hecho, según datos que trascendieron, en mayo Musimundo estaba facturando $ 10 millones mensuales; el mes pasado esas ventas habrían descendido a $ 4 millones. Desde ya, podría esperarse que al dotar de mercadería a los locales las ventas volverían a subir, pero para eso hace falta una inversión de entre u$s 15 y u$s 20 millones, que -siempre de acuerdo con versiones del mercado-los nuevos dueños no estarían dispuestos a aportar en su totalidad (al menos, desde el inicio);
• así, la versión más firme es que Pegasus -entre cuyos accionistas principales está Woods Staton, hoy en el candelero por los problemas que atraviesa su cadena de hamburguesas McDonald's, de la que es el franquiciado maestro para la Argentina-tendría la intención de hacer un durísimo ajuste en la empresa, que prevería el cierre de aún más locales y el consiguiente despido de personal «superfluo». El propio fondo lo admite en su comunicado oficial sobre la compra, donde dice que «apunta a adquirir posiciones de control para iniciar una reestructuración corporativa (...) y una efectiva estrategia de turnaround comercial». En la Argentina ya no es necesario explicar el significado de «reestructuración» y «turnaround»... Y dado que no pusieron un peso para quedarse con la firma, cuanto menos gasten mejor debería irles. «La apuesta es a que se recupere el consumo y poder vender la empresa a algún interesado que pudiera surgir; será todo ganancia porque el comprador también se hará cargo de la deuda», dice la fuente;
• finalmente, Pegasus se ganó un duro enemigo en Alto Palermo SA (APSA), propietaria de los principales shopping centers del país. Tal como adelantó este diario, el Dolphin Fund (vinculado a APSA) intentó quedarse con Musimundo, pero no llegaron a un acuerdo con el Citi; ahora, dado que tiene la intención de lanzarse al mercado de las disquerías con una cadena propia, no le renovarán a Musimundo los contratos en los centros comerciales -donde concreta cerca de 45% de sus ventas-a medida que vayan caducando. De hecho, en dos de ellos ya los desalojaron.
¿Por qué entonces el Citibank decidió entregarle las disquerías a Pegasus? Lo de Dolphin ya está explicado (no querían «poner plata encima»); lo del Exxel es más difícil de entender. «La única explicación es que los acreedores, cuando se sacan de encima un 'muerto' como el de Musimundo, a través de la contabilización de esa pérdida en sus balances consolidados logran un importante beneficio fiscal en sus países de origen (EE.UU. en el caso del Citi); ya pasó con Verizon en CTI, y pasará muchas más veces en el futuro cercano», explica un experto del mercado financiero.
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