Cristina de Kirchner aseguró que no se va a «someter a ninguna
extorsión». Lo hizo acompañada por los gobernadores
de Entre Ríos y Chaco, Sergio Urribarri y Jorge Capitanich.
«No me voy a someter a ninguna extorsión.» La protesta del campo son «los piquetes de la abundancia». «La huelga se la hacen a todos los argentinos.» Cristina de Kirchner eligió este tipo de frases para embestir ayer por primera vez en público contra los productores agropecuarios.
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Los principales pasajes del discurso fueron los siguientes:
No me voy a someter a ninguna extorsión. A ninguna.
Recuerdo esa Argentina donde desesperados cortaban calles por que les faltaba trabajo o tal vez, en 2001, porque se habían quedado con sus depósitos. Eran los piquetes de la miseria. Este último fin de semana vimos la contracara, los piquetes que yo llamo de la abundancia, de los sectores de mayor rentabilidad, que parecen casi un paso de comedia.
Aquellos argentinos, que desesperados por la falta de trabajo se lanzaron a las calles y fueron denostados por algunos medios que pedían al gobierno que diera palos, infinidad de editoriales pidiendo orden para los que no tenían trabajo.
Parece que hay sectores que no quieren cambiar ni comprender, y hacen piquetes protagonizados por el sector de mayor rentabilidad de los últimos cinco años.
Las retenciones no son medidas fiscales, sino profundas iniciativas redistributivas del ingreso.
Las condiciones macroeconómicas que tanto critican es lo que los ha tornado competitivos y con una rentabilidad nunca vista.
La huelga se la hacen a los argentinos, porque las exportaciones van viento en popa.
Las retenciones, que contribuyen a conformar el superávit fiscal en aproximadamente un 10%, no solamente se utilizan para sustentar estas condiciones macroeconómicas del agro para que siga siendo competitivo, sino también vuelven a las provincias en importantes obras de infraestructura.
El campo exporta prácticamente todo en euros y dólares cuando los costos son en pesos. Y sostiene ese esquema con el trabajo de los peones rurales, que tienen los sueldos más bajos del país y donde se registra el mayor empleo en negro.
Los ruralistas amenazan no sólo al gobierno, sino a la sociedad toda con el desabastecimiento de alimentos.
Estos piquetes son mucho más violentos que los de la miseria de 2002 de gente que no tenía trabajo ni casa y a los que se denostaba injustamente.
Cuando las vacas vienen flacas, parece que hay que socializar las pérdidas, y cuando vienen gordas, tienen que ser sólo para ellos.
En los 90, cuando no había retenciones en la Argentina, casi nos quedamos sin productores, porque el 1 a 1 los había llevado al fondo del pozo.
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