Nuestra postergada responsabilidad fiscal
-
La UCA reconoció que la pobreza bajó pero advierte por un "un problema de realismo de esas mediciones"
-
Alarma fiscal: la caída de la recaudación golpea más a la Nación que a las provincias en lo que va de 2026
Restricción absoluta
Pero para quienes entendemos que el sector público argentino padece de insolvencia estructural, y que requiere un drástico ajuste del nivel, calidad y eficiencia del gasto público, la imposibilidad de cumplir la LRF y su relajamiento, representan una severa regresión en el proceso de formación de la adecuada institucionalidad fiscal que desesperadamente requiere la Argentina, para complementar la institucionalidad monetaria alcanzada hace una década con la convertibilidad y configurar, entre ambas, una base sólida para la estabilidad macroeconómica y el crecimiento.
Lamentablemente, el programa del que depende el cumplimiento de la nueva LRF presenta los mismos -exactamente los mismos-riesgos que impidieron que la LRF se cumpliera, sólo atenuados por una menor tasa de crecimiento incorporada en el Presupuesto 2001 que la supuesta en el Presupuesto 2000.
En febrero de 2000 la Secretaría de Hacienda interpretó que el déficit base de 1999 a los fines de la LRF era de 2,49% del PIB, lo que implicaba un déficit (devengado) máximo en el año 2000 de 2,09%. Dada la hipótesis del Ministerio de Economía de un crecimiento real de 3,5 por ciento del PIB, ello se traducía en un déficit máximo permitido de $ 6.213,4.
Como resultado de las sucesivas reestimaciones descendentes de crecimiento del PIB ese límite llegó a $ 6.065,4 millones en setiembre de 2000 (con 2% de hipótesis de crecimiento) y habría sido -de no modificarse la ley-de $ 5.947 millones con crecimiento virtualmente nulo.
En noviembre, en el medio de la crisis de público conocimiento, la ley se modifica estableciendo el límite máximo de déficit para el año 2000 en $ 7.000 millones. Con la información disponible, sólo puede suponerse que la ampliación del déficit permitido respondió principalmente a una recaudación menor que la prevista (aumento de 3,1% contra una estimación original de 8,3%) resultado, en lo esencial, de no verificarse las hipótesis de crecimiento de la actividad.
Ahora bien, la nueva LRF aumentó también el déficit permitido para el año 2001 a $ 7.000 millones, objetivo que se prevé alcanzar manteniendo congelado el gasto primario y con la expectativa de un aumento de la recaudación del orden de $ 1.500 millones, basada en la proyección de un aumento del PIB de 2%. Nuevamente, el cumplimiento de la LRF descansa enteramente en que se verifique la hipótesis de crecimiento de la economía.
Esto establece una total analogía entre el riesgo que se materializó en el año 2000 -estancamiento del PIB-impidiendo cumplir la LRF original, y el riesgo que se presenta en el año 2001 si no se materializa el crecimiento esperado de la actividad. En noviembre de 2000 se relajaron las condiciones de la LRF original.
¿Qué camino se seguiría en noviembre de 2001? ¿El mismo? ¿Con qué efecto sobre la credibilidad? ¿Con qué eventual golpe al intento de construir una adecuada institucionalidad fiscal?
Interrogantes
La dificultad para cumplir la LRF 25.152 motiva varios interrogantes y reflexiones. En primer término, ¿qué previsiones se adoptaron para garantizar su cumplimiento en caso de que las expectativas en que se basaban las proyecciones fiscales no se verificarán? En otros términos, ¿cuál era el plan «B»? Segundo, este interrogante es particularmente importante dado que el exceso fue finalmente de (como máximo) $ 1.050 millones, cifra que podría -y debió- haberse ahorrado a través de recortes en el gasto. Tercero, tampoco contribuye a la institucionalidad fiscal que oficialmente se comunicara la imposibilidad de cumplir en el mes 11 del ejercicio. Tenemos derecho a saber más y antes.
La LRF no incluye como atenuante para cumplir los límites de déficit máximo ingresos menores a los esperados. Un corolario de ello es que los límites deben cumplirse aunque el PIB no crezca. Y la sensatez de este corolario se aprecia cuando se considera que es la magnitud e ineficiencia del gasto público, la que vía impuestos y necesidades de financiamiento, atenta contra la competitividad y la baja en los costos de financiamiento al sector privado y, en consecuencia, contra el crecimiento.
Aún con el carácter insuficiente de la LRF frente a la magnitud de los problemas fiscales que hemos señalado repetidamente, habría sido una señal de gran significación cumplir con la misma a pesar de los menores ingresos.
Los interrogantes anteriores son ahora aplicables al año 2001. ¿Qué previsiones existen para garantizar el cumplimiento de las nuevas pautas de responsabilidad fiscal en caso de que no se verifiquen las hipótesis de recaudación? ¿Cuál es el plan «B» para 2001? El gobierno debe darlo a conocer; ello aumentará la credibilidad.
Como parte de la respuesta a los problemas que el sector público plantea a la economía argentina he recomendado recientemente la incorporación de auditoría privada de gestión y gasto de toda la administración pública. Dadas las alternativas reseñadas sobre un instrumento tan crítico para la credibilidad y la institucionalidad como la Ley de Responsabilidad Fiscal, propongo la conveniencia, para el sector privado y para el propio gobierno, de incorporar ya mismo mecanismos de auditoría privada experta al seguimiento de la gestión de las cuentas públicas. Tengo la expectativa de que el gobierno sea el primero y principal interesado en una acción de esta naturaleza.




Dejá tu comentario