5 de septiembre 2002 - 00:00

Nueva York

Nueva York
La merma anterior había sido demasiado abrupta, lo que dio pie para que hasta los más desconfiados en la recuperación que muchos proclaman pensaran que no tendríamos alguna forma de rebote. Pensar de otra manera resulta equivalente a pensar que estamos ante un crack bursátil. Lo curioso no fue entonces que el mercado se recuperara ayer, sino que la mejora de 1,41% que tuvo el Dow, al cerrar en 8.425,12 puntos, o 2,25% del NASDAQ parecieran no terminar convenciendo ni siquiera a los más optimistas. En parte, esto tiene que ver con el volumen negociado que apenas mostró alguna mejora en el mercado tradicional; en parte, que los índices se mostraran flojos hasta casi la una de la tarde; y en parte, que la mejora recién apareció luego del discurso del presidente Bush en el que asegurara que está dispuesto a atacar a Irak y que para ello pedirá apoyo del Congreso norteamericano. Tradicionalmente, muchos hubieran pensado que un anuncio de este tipo impulsaría un verdadero rally, o al menos la afluencia de un cúmulo de inversores posesionándose en los papeles que más podrían ganar y desprendiéndose de los que saldrían perjudicados con una nueva contienda. Esta historia continuará en los próximos días, tomando cada vez más relevancia a medida que nos acerquemos al día 11. Es claro, que lo que ocurra tiene el potencial de marcar el futuro del mercado, al menos de aquí al próximo año. En la medida que nada de lo relevante está en las manos de los inversores, sólo resta esperar que los dirigentes no tomen un camino errado. ¿Por qué tanto pesimismo? Porque a pesar de la mejora de las acciones, los bonos del Tesoro quedaron prácticamente sin cambios, y el dólar ganó terreno, demostrando que si algo impera, es la desconfianza.

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