Nunca se termina de enderezar algún país en América Latina
Boom bursátil. Baja sostenida del dólar. Ingreso récord de inversiones. Caída drástica del riesgo-país. Exportaciones sin precedentes. Brasil parecía reunir todas las condiciones para acceder, de manera inminente, al codiciado "investment grade". Pero, lamentablemente, todo en América latina parece demasiado precario. Bastó con un traspié político -serio, es cierto- para que ese objetivo quedara amenazado. Lula da Silva no pudo imponer en el Senado la prórroga del impuesto al cheque, que caducará a fin de año de manera definitiva, y perdió ingresos anuales por casi 23.000 millones de dólares. Se trata de un impuesto crucial para la solidez fiscal brasileña. Su gobierno salió ayer a aclarar que la meta de superávit primario de 3,8% del PBI será mantenida, pero no logró convencer a los inversores.
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Según el economista, pese a que el gobierno mantuvo firme su política fiscal, el aumento de los gastos lo convirtió en un dependiente del impuesto al cheque, un tributo que fue creado provisionalmente por el gobierno de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) para hacer frente a una severa crisis financiera.
Para la consultora, la posibilidad de que el gobierno se vea obligado a flexibilizar su política fiscal para sustentar sus gastos puede afectar la credibilidad del país ante las agencias de calificación de riesgo, que venían elevando la nota del país hasta niveles muy próximos al ansiado «grado de inversión».
Dicha calificación es concedida a los países que merecen total confianza de los inversores con respecto al pago de su deuda.
El «grado de inversión» permite que un emisor obtenga mejores condiciones crediticias en los mercados externos, al tiempo que les abre las puertas a muchos fondos de inversión que por sus estatutos sólo pueden invertir en títulos que no sean especulativos.




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