Como adelantara este diario, el superintendente de Seguros, Claudio Moroni, tras convencer al ministro Remes Lenicov, logró la firma de un decreto de necesidad y urgencia en pos de dejar las manos libres a los aseguradores para decidir qué hacer ante la pesificación de los activos. La norma básicamente fue dirigida a las compañías de vida y de retiro, que quedaron bajo dos fuegos: les pesificaron sus activos a 1,40 peso por dólar y les quedaron los pasivos en dó-lares a un tipo de cambio indefinido. De forma tal que ahora puedan definir cómo seguirán operando en el mercado local. Pero la modificación hecha a la ley de seguros va más allá, porque le otorga a la superintendencia poder, casi pleno, para encarar el saneamiento del mercado. Cabe señalar que hubo varios intentos durante la década pasada, que utilizaron los planes de saneamiento como instrumento para redimensionar el sector. Sin embargo, ninguno de estos intentos logró su objetivo. ¿Será otro fuego artificial?
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