Se repitió el mismo esquema de la pasada semana, donde el mercado tiende a « regular» un lunes y ya iniciarse con índices en baja que después se intentarán remontar. No deja de ser sugestivo el tratamiento, porque la coincidencia es demasiada, y el quiebre de ritmo que antes se verificara reapareció casi en igual dimensión en la jornada de ayer.
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Mientras en el exterior el Dow iniciaba su horario invernal -yendo hasta las 18- y al momento de cerrar Buenos Aires estaba levantando un mal recorrido, ya con 0,13% de aumento, por el lado del Bovespa no era muy festejado el contundente triunfo de Lula: con caída de más de 1 por ciento.
En el recinto local, post-Misiones como para tener que evaluar, nunca se pudo levantar la niebla que lo cubría y a partir de una merma muy marcada de órdenes que, en especial, adelgazó el poder de asimilación. El mínimo del día estuvo en los 1.766 puntos, alcanzando un máximo de 1.784 -que, en verdad, era el cierre anterior- y para culminar en 1.768 humildes puntos, muy cerca del piso de la sesión. Esto dejó saldo negativo cercano a 1%, con varias líderes clave que recibieron ventas puntuales.
En el valle
Muy brusco el arrugue de órdenes, se volvió a la zona de los $ 36 millones de efectivo y forjando otro valle a pique sobre lo que se venía observando. La franja en acciones decayó a porcentual de sólo 9% y configuró una rueda armoniosa, en todos sus aspectos, con aquella del lunes de la pasada etapa. En fuerte caída Grupo Galicia y Tenaris, las dos con 1,2% de recorte, notándose lo muy pobre del volumen de la siderúrgica: apenas con 70.000 papeles tratados. Con 1,6 millón de títulos, sólo 0,2% de baja, quizás haya que considerar la plaza de Acíndar como la más resistente entre las principales. Rueda que volvió a desconcertar, aumentando expectativas respecto de lo que suceda hoy con el remate de octubre. Y la Bolsa, escondida.
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