Pagan deuda a España. ¿El paso previo para reabrir el canje?
-
Reservas: el BCRA compró dólares, pero el alza se explicó casi en su totalidad por el oro
-
Bessent prevé una caída del petróleo tras el conflicto en Medio Oriente
Felisa Miceli llevó buenas noticias a su colega español Pedro Solbes: el país sacará la deuda por la ayuda recibida durante el «blindaje» de De la Rúa del paquete del llamado Club de París para pagarla por separado.
¿Quién hará las gestiones para que se despeje el camino? Tal vez España. El gobierno de Zapatero tiene dos argumentos para justificar su derecho a cobrar por separado. Por un lado, su aporte al «blindaje» no fue un préstamo común y corriente sino una contribución a que se constituya un fondo contingente por el trance de iliquidez por el que pasaba la Argentina. Por otro, socorrió al país por propia voluntad (José María Aznar prácticamente obligó al reticente Rato, por entonces su ministro)pero también porque el Fondo lo requería. En ese contexto, España considera casi una agresión que su acreencia haya sido derivada al Club de París, es decir, que se la mandara a la cola de una lista de acreedores que cobran según criterios colectivos.
Aquí es donde aparece el guiño político de la generosidad de Miceli: si hay alguien a quien la dirigencia española, socialista o «popular», acusa por ese desdén es a Roberto Lavagna, que fue quien tomó la decisión. Buena parte del maltrato de Rato, ya en el Fondo, a Lavagna, se debió a esa decisión sobre el dinero español. Para Kirchner puede resultar más que satisfactorio hacer gestos que lo dejen mejor parado que a su ex ministro y actual desafiante en una arena internacional en la que el fundador de Ecolatina parece mostrarse muy seguro (hasta el embajador de Alemania, a pesar de los «hold-outs», lo invitó a comer para despedir a Lino Gutiérrez).
Miceli presentó su decisión, ayer, como parte de un programade mediano plazo que supusovarios movimientos: primero,la reestructuración de la deuda privada, después el pago al Fondo, ahora -antes de diciembre- la negociación con el Club de París, ¿cuál sería el paso siguiente? La ministra no lo dice. Sin embargo, es sabido que ella le reclamó a Mac Laughlin y a su segunda, Alejandra Sharf -su persona de confianza en Financiamiento- que estudien un programa para avanzar en el dichoso « desendeudamiento».
Como cualquier persona con una mínima información financiera, Miceli sabe que liquidar la deuda pendiente con los fondos que no entraron al «canje» de Lavagna es una operación de relativo bajo costo. Pero, claro, el límite simbólico es terminante: hay una ley que prohíbe hacerlo y varias promesas de Kirchner de no reabrir la reestructuración por lo menos antes de las elecciones. Por eso en Economía se analiza, como parte de los mismos estudios, realizar un rescate de parte de la deuda ya reestructurada, en especial del cupón atado al crecimiento con el que Lavagna premió -generosísimo- a quienes aceptaban sus papeles.
Ese cupón otorga a quienes lo tienen una suma equivalente a 5% de la diferencia entre el nivel de crecimiento fijado en el prospecto del «canje» y el crecimiento que finalmente se verificó. Para 2005 ese desnivel obliga a pagar u$s 300 millones.
Cuánto sería el volumen de ese rescate y si los fondos para realizarlo saldrían de las reservas del Banco Central son dos cuestiones que todavía no analizaron en el Palacio de Hacienda. ¿Está Kirchner en condiciones de escuchar este tipo de propuestas? Dicen que, ahora, sí. «Ahora» es desde que descubrió que, realizada la reestructuración de su ex ministro y saldada la deuda con el Fondo, la Argentina sigue teniendo una deuda homérica. El Presidente le presentó esa preocupación a Mac Laughlin y éste contrató un par de estudios privados para encontrar una ecuación satisfactoria.
En esa línea, el paso dado ayer por Miceli es más importante desde lo simbólico que desde la carga financiera que representa. Tanto que el gobierno español manifiesta extraoficialmente que «nosotros no pedimos nada, es la Argentina la que quiere pagar por las dificultades crediticias que plantea para los inversores un default con los países más importantes de Europa».
El «punteo» de cuestiones tratadas por Solbes y su invitada no se agotó en los problemas de la deuda. Los dos hablaron de la escena financiera internacional y también de las demoras en las negociaciones entre la Unión Europea y el Mercosur. Sobre la pretensión de aumentar la participación de España en el FMI apenas hubo una mención rasante de parte del ministro español: ya estaba enterado de que a la Argentina el criterio de asignar una cuota de poder en ese organismo con acuerdo al nivel del PBI de cada país no es lo que más le convence.
Como era de prever, Solbes indagó a su contertulia sobre las negociaciones que se realizan en Buenos Aires con las empresas españolas de servicios públicos. Miceli seguramente hubiera preferido evitar el tema y contestar, «son cosas de De Vido». Pero, en ausencia del ministro de Infraestructura, reiteró con la mayor sobriedad la información objetiva que había recabado, durante casi toda la mañana, en la papelería que le presentó Estela Palomeque. Es la secretaria legal y administrativa del Ministerio de Economía y la representante de esa cartera en la UNIREN, es decir, en la oficina del gobierno encargada de discutir con las empresas los contratos de concesión a partir de la crisis de 2001. El planteo de Miceli, en general, adelantó el que Kirchner expondrá hoy ante Zapatero: «Iremos cumpliendo con los compromisos asumidos en materia de tarifas pero debemos tener en cuenta el problema inflacionario».
Respecto de este punto, Solbes hizo una breve alusión a los factores monetarios que alientan la inflación y asombró a su interlocutora por el nivel de detalle con que conoce la economía argentina. Algo que caracteriza a todos los funcionarios españoles desde que se ingresó en el tembladeral que llevó al blindaje, el default, la devaluación, la modificación de la Ley de Quiebras y el rompimiento de todos los contratos.




Dejá tu comentario