13 de octubre 2004 - 00:00

Panorama futuro del dinero en el exterior

Panorama futuro del dinero en el exterior
En diálogo con expertos en un viaje de estos días a Estados Unidos me presentaron un panorama económico financiero mundial realmente negro como hipótesis base de análisis para el tiempo que viene, sobre todo los próximos 12 meses. Hoy día la economía mundial está más influida que lo habitual por las expectativas políticas internacionales como hacía, quizá, décadas no se vivía.

Algunos me la comparaban con los años iniciales de la Segunda Guerra Mundial cuando ya ocurrido el estallido, se produce la expansión del nazismo y la claudicación de muchos países europeos hasta la impactante caída de Francia frente a Hitler, más el agregado de que en esos años de inicio del conflicto -entre 1939 y 1941- no se sabía si hasta Inglaterra no claudicaría. A su vez, Estados Unidos se aprestaba a entrar en la guerra y constituir los «aliados» pero con la enorme desconfianza que significaba incluir allí, por necesidad bélica, al comunismo soviético encabezado por un déspota como José Stalin. Simultáneamente, para complicar más el panorama mundial, Estados Unidos es atacado el 7 de diciembre de 1941 por Japón en Pearl Harbor y debe salir a pelear en un nuevo frente.

¿Quién podía creer en esa época, con tan extrema politización, que los simples resultados de balances de empresas o algunos índices sociales determinaban los valores financieros en Wall Street o Londres?

Hoy las expectativas políticas internacionales vuelven a subordinar, en parecido grado de intensidad, a las variables económico-financieras puras y hasta predominar sobre las climáticas en el valor de los mercados de commodities
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Me lo circunscribieron más el problema: Estados Unidos con su empantanamiento en Irak está igual que entre los años 1968 y 1972 en Vietnam. En aquella época el comandante de las fuerzas norteamericanas que luchaban en el sudeste asiático, general William Westmoreland, les planteó al presidente Lyndon Johnson primero y a su sucesor Richard Nixon después, una alternativa dramática: mantener Vietnam del Sur libre y prooccidental frente a la invasión comunista del Vietnam del Norte, tras sucesivos reveses bélicos de los norteamericanos, implicaba duplicar la cantidad de tropas y asumir que el número de muertos de Estados Unidos podía también duplicarse, sobre los 50.000 soldados caídos allí. Henry Kissinger, secretario de Estado de Nixon, lo entendió. Pero también comprendió que era imposible sobrellevar esos costos políticos. En 1973 las tropas norteamericanas escaparon de Vietnam del Sur- de los pocos sectores que aún dominaban y el país del Norte perdió la primera guerra de su historia.

• Otra alternativa

Me decían que Irak significa algo alarmantemente similar, aunque todavía con menor número de víctimas norteamericanas, unos mil. Dominar y permanecer allí significa, inicialmente, duplicar la cantidad de efectivos armados y aceptar muchas más víctimas. Es casi imposible, políticamente, tanto para George W. Bush o John Kerry, cualquiera gane la elección del 2 de noviembre próximo. La otra alternativa es abandonar Irak como Vietnam en 1973. Si esto sucede y hay algún tipo de elección abierta en ese país de Oriente, se descuenta que la van a ganar los chiitas que son mayoría pero no dominaron el gobierno por la férrea dictadura de Saddam Hussein. Los chiitas -que ya tienen la religión oficial del Estado- actuarán con los chiitas dominantes en la vecina república islámica de Irán en un inevitable accionar antinorteamericano que se traducirá en el mayor peligro: cese del suministro de petróleo que existe en Irak e Irán, ambos dentro de las mayores reservas del mundo.

Los más destacados analistas norteamericanos, en la intimidad que les transmiten a los banqueros, no se entretienen mucho en los argumentos sencillos del actual proselitismo entre Bush y Kerry, aunque éste sea inevitable para el voto del gran público.

En Wall Street se piensa que no sólo habría que duplicar las tropas en Irak para mantener el predominio sino quizá triplicarlas por otra variante que ven alarmante pero quizá necesaria dentro del oscuro panorama: atacar también a Irán
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• Perspectiva

Todo esto políticamente suena imposible. Inclusive porque Estados Unidos para una escalada bélica así de soldados, me contaban, tendría que reimplantar la conscripción obligatoria para jóvenes porque tal esfuerzo en tropas no se puede abastecer con soldados profesionales y voluntarios.

Pero la perspectiva -y ahora volvemos al mundo de la inversión del público- de un abandono de Irak por los norteamericanos, más la unión de ese país con Irán y el riesgo que significa ello para el abastecimiento mundial de petróleo es lo que lleva al elevado nivel actual del precio del crudo, oscilando quizá definitivamente ya por arriba de los 50 dólares por barril como una barrera natural en el medio centenar que si se superó podría ir mucho más arriba, mínimo 60 dólares. Países que no tienen ni una gota de petróleo propia, por caso Japón, no logran empinar el Nikkei (índice de promedio de acciones de empresas de ese país).

La asechanza -y el panorama negro- es mucho mayor si se piensa que con Irán e Irak unidos, gobernados y dominados por el fundamentalismo chiita
no tardarían en presionar, como un nuevo «Vietnam del Norte», sobre el occidentalismo de la familia real de Arabia Saudita. Y si cae Saudiarabia los países menores como Yemen, Emiratos Arabes, Qatar, Bahrein y otros -hasta el mismo rescatado una vez Kuwait- podrían caer en el islamismo extremo, germen que tienen en sus vísceras.

Hay otros dos conceptos importantes a nivel de expertos en finanzas mundiales.

Ya no es posible especular, como en el pasado reciente, con que los países islámicos antioccidentales puedan resistir envíos de petróleo un cierto tiempo pero en definitiva deben vender a las naciones capitalistas de Occidente. No es posible sostenerlo porque para todos esos fundamentalismos ricos en petróleo
se abrió un nuevo mercado, el de China, y avanza en su crecimiento India. Crecer significa más consumo energético y hacia allí puede encaminarse el petróleo árabe, como no sucedía con una China de comunismo cerrado, casi medieval.

El otro tema que analizan es aquella política que inauguró
Ronald Reagan y siguió Bush padre de taparse los ojos ante la violación de los derechos humanos de la dictadura de Saddam Hussein y aprovecharlo para hostigar a Irán. El dictador iraquí en 1990 inició una guerra que duró 8 años contra los iraníes sin importarle que atacaba a un régimen chiita de la misma religión predominante, en su propio país. Hoy juzgar y hasta ahorcar a Saddam podría significar una estupidez occidental, aunque no se pueda decir abiertamente esto en la campaña previa a los comicios del 2 de noviembre porque el despotismo y la sangre derramada por el caudillo depuesto son el único argumento en pie de Bush para justificar en algo la desventura de Estados Unidos en Irak.

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