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Hoy las expectativas políticas internacionales vuelven a subordinar, en parecido grado de intensidad, a las variables económico-financieras puras y hasta predominar sobre las climáticas en el valor de los mercados de commodities.
Los más destacados analistas norteamericanos, en la intimidad que les transmiten a los banqueros, no se entretienen mucho en los argumentos sencillos del actual proselitismo entre Bush y Kerry, aunque éste sea inevitable para el voto del gran público.
En Wall Street se piensa que no sólo habría que duplicar las tropas en Irak para mantener el predominio sino quizá triplicarlas por otra variante que ven alarmante pero quizá necesaria dentro del oscuro panorama: atacar también a Irán.
• Perspectiva
Todo esto políticamente suena imposible. Inclusive porque Estados Unidos para una escalada bélica así de soldados, me contaban, tendría que reimplantar la conscripción obligatoria para jóvenes porque tal esfuerzo en tropas no se puede abastecer con soldados profesionales y voluntarios.
Pero la perspectiva -y ahora volvemos al mundo de la inversión del público- de un abandono de Irak por los norteamericanos, más la unión de ese país con Irán y el riesgo que significa ello para el abastecimiento mundial de petróleo es lo que lleva al elevado nivel actual del precio del crudo, oscilando quizá definitivamente ya por arriba de los 50 dólares por barril como una barrera natural en el medio centenar que si se superó podría ir mucho más arriba, mínimo 60 dólares. Países que no tienen ni una gota de petróleo propia, por caso Japón, no logran empinar el Nikkei (índice de promedio de acciones de empresas de ese país).
La asechanza -y el panorama negro- es mucho mayor si se piensa que con Irán e Irak unidos, gobernados y dominados por el fundamentalismo chiita no tardarían en presionar, como un nuevo «Vietnam del Norte», sobre el occidentalismo de la familia real de Arabia Saudita. Y si cae Saudiarabia los países menores como Yemen, Emiratos Arabes, Qatar, Bahrein y otros -hasta el mismo rescatado una vez Kuwait- podrían caer en el islamismo extremo, germen que tienen en sus vísceras.
Hay otros dos conceptos importantes a nivel de expertos en finanzas mundiales.
Ya no es posible especular, como en el pasado reciente, con que los países islámicos antioccidentales puedan resistir envíos de petróleo un cierto tiempo pero en definitiva deben vender a las naciones capitalistas de Occidente. No es posible sostenerlo porque para todos esos fundamentalismos ricos en petróleo se abrió un nuevo mercado, el de China, y avanza en su crecimiento India. Crecer significa más consumo energético y hacia allí puede encaminarse el petróleo árabe, como no sucedía con una China de comunismo cerrado, casi medieval.
El otro tema que analizan es aquella política que inauguró Ronald Reagan y siguió Bush padre de taparse los ojos ante la violación de los derechos humanos de la dictadura de Saddam Hussein y aprovecharlo para hostigar a Irán. El dictador iraquí en 1990 inició una guerra que duró 8 años contra los iraníes sin importarle que atacaba a un régimen chiita de la misma religión predominante, en su propio país. Hoy juzgar y hasta ahorcar a Saddam podría significar una estupidez occidental, aunque no se pueda decir abiertamente esto en la campaña previa a los comicios del 2 de noviembre porque el despotismo y la sangre derramada por el caudillo depuesto son el único argumento en pie de Bush para justificar en algo la desventura de Estados Unidos en Irak.



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