18 de septiembre 2002 - 00:00

Panorama de los principales sistemas bancarios de América Latina (Ultima Parte)

Perú

El sistema financiero de Perú está tomando forma gradualmente después del regreso del país a un entorno económico más estable. Luego de años de recesión y problemas políticos, la economía está comenzando a crecer y los bancos parecen estar listos para beneficiarse de este escenario con una rentabilidad más alta, un crecimiento general en el volumen, y menor cartera vencida en el sistema financiero en su conjunto. Actualmente, los bancos tienen mucha liquidez debido a que se redujo significativamente el otorgamiento de nuevos créditos en años anteriores para protegerse del entorno recesivo, y eso trajo consigo el bajo costo de fondeo que actualmente mantiene el sistema. Los créditos al consumo están empezando a crecer aprovechando el costo de fondeo y las mejores perspectivas económicas, y apuntando hacia mejores utilidades para fines de 2002. Aun así, este panorama razonablemente adecuado para los bancos peruanos podría verse afectado de forma negativa si el deterioro en la economía brasileña se materializa o si las recientes muestras de tensión política en el país ponen en riesgo la consolidación de la recuperación económica.

Uruguay

El sistema financiero de Uruguay no ha sido capaz de recuperar la confianza de los ahorradores, como lo demostró la creciente fuga de depósitos provocada por los cuatro días de feriado bancario de la semana pasada. El nerviosismo de los depositantes comenzó a finales de 2001 en algunas instituciones que estaban sumamente expuestas a Argentina. Los reguladores enfrentaron estos problemas, inicialmente evitando de manera exitosa que se esparcieran a otras instituciones en el sistema. Sin embargo, con el empeoramiento de la crisis de Argentina, dichas medidas no eliminaron la incertidumbre ni restauraron la confianza en el sistema, en especial entre los depositantes no residentes.

La intervención del Banco Montevideo y la tensión política que provocó el reemplazo de las autoridades económicas terminó acelerando la fuga de depósitos que precedió a los días de asueto bancarios. En este punto, entre 70% y 80% del total de los depósitos se encontraba en bancos públicos o intervenidos, y el hecho de que los mercados de deuda estaban cerrados para la deuda soberana de Uruguay, junto con la drástica reducción en el nivel de reservas internacionales, puso en obviedad que el Banco Central ya no estaba en la posición de actuar como prestamista de última instancia.

En este contexto, el gobierno recibió apoyo adicional del FMI. Cuando los bancos reabrieron sus puertas, las autoridades uruguayas anunciaron que las instituciones gubernamentales reestructurarían sus certificados de depósito (CD), prolongando los vencimientos tres años. También se informó que los fondos del FMI iban a ser utilizados para asegurar que los depósitos a la vista tanto de bancos públicos como de intervenidos fueran cubiertos en su totalidad. De manera simultánea, el Banco Central suspendió las dos entidades intervenidas que todavía permanecían abiertas cuando iniciaron los feriados bancarios, aclarando que habían elegido una salida de mercado para solucionar la crisis del sistema financiero.

Por lo tanto, cuando ya no fue posible sostener la política inicial de rescate de instituciones emproblemadas, que implicaba la "nacionalización" de un problema del sector privado, el gobierno decidió diferenciar a los ganadores de los perdedores, para no seguir los pasos de Argentina, donde para “ubrir”los problemas irremediables de ciertos bancos se afectó toda la solvencia del sistema.

Por otro lado, el sistema financiero de Uruguay se beneficia de la intensa participación de los bancos extranjeros en la propiedad y administración de muchas instituciones importantes. Las operaciones de los bancos extranjeros son muy pequeñas en relación con las de sus casas matrices, y están estrechamente vinculadas con una línea de negocios muy sensible, tal como la banca privada. Por lo tanto, a diferencia de lo que pasó en Argentina, es probable que las controladoras apoyen a sus afiliados en caso de una falta de liquidez temporal.

De cualquiera forma, aun si la actual situación crítica del sistema financiero es solucionada en el corto plazo, los bancos todavía enfrentarían un difícil entorno por algún tiempo. La calidad de activos de los bancos continuará deteriorándose fuertemente por varios meses como consecuencia de la recesión económica y la depreciación del peso, que dificulta la situación para las compañías con ingresos en pesos o con menos exportaciones para cumplir con sus obligaciones denominadas en dólares.

Además, como resultado de la crisis de confianza, se espera que disminuyan los ingresos relacionados con los negocios de bancos privados no residentes tradicionalmente importantes de Uruguay.



Venezuela

La economía de Venezuela y su sistema bancario han vivido tiempos sumamente difíciles como resultado del entorno operativo incierto y volátil. Diversos factores desequilibrantes, incluyendo la adopción de un régimen de tipo de cambio flotante, el gradual deterioro de las variables económicas -tasas de interés en aumento, alta inflación y una constante depreciación de la moneda- así como el entorno político inestable y la economía recesiva, han deteriorado el perfil financiero del sistema bancario.

Aunque la adopción de un tipo de cambio flotante en el primer trimestre de 2002 representaba una medida altamente necesaria y generó un tipo de cambio competitivo, esta medida tuvo un efecto negativo en los bancos, incluyendo la repreciación de los pasivos y activos denominados en dólares, presionando la capitalización de los bancos.

En este contexto, el sistema bancario sufre de una crisis de liquidez, bajo una continua fuga de capitales y 30% menos depósitos que en 2000. Mientras se mantenga la incertidumbre en el área económica, continuarán las presiones de liquidez en el sistema. Se necesitará un periodo de tiempo significativo para recuperar la confianza de los venezolanos en el sistema, y para aumentar la baja proporción de depósitos en la economía, que actualmente se mantiene a un bajo 16% del PIB.

Las tasas de interés han alcanzado niveles peligrosos en un mercado de muy poca liquidez. Aun cuando el marcado incremento en las tasas de interés beneficia los márgenes de intermediación y permite que los bancos obtengan grandes diferenciales y puedan reportar cifras positivas de rentabilidad, los resultados son débiles cuando se ajustan por inflación.

La demanda de crédito sigue siendo escasa y las altas tasas de interés limitan la capacidad de los clientes para pagar sus deudas, lo que afecta la calidad de activos en todo el sistema. El índice de morosidad del sistema es alto, de 11.7% a abril de 2002, y podría esperarse que alcance 12.5% para fines de 2002. Además, los bancos tienen una importante exposición a los bonos gubernamentales, lo que afectaría la calidad de activos en caso de que la economía del país se deteriore aún más.

Conclusión

Los bancos en toda la región enfrentan un difícil periodo. Las tasas de interés altas y volátiles, y los precios de los activos financieros cobrarán su cuota en las instituciones menos preparadas. La combinación de costos de fondeo de clientes significativamente más altos y la actual desaceleración económica amplían los problemas con los créditos. Los costos de fondeo más altos en un entorno de deterioro en la calidad de activos afectarán negativamente la rentabilidad. En este contexto, los bancos en los países con una calidad crediticia debilitada enfrentarán más presiones, ya que la mayoría de las instituciones tienen importantes exposiciones a valores gubernamentales, y en algunos casos, tienen pérdidas sin registrar que todavía deben ser reconocidas. En este entorno de mayor riesgo, los bancos chilenos y mexicanos, aunque con diferentes méritos, siguen siendo las pocas excepciones sólidas.

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