Para el gobierno francés, "la quiebra de un país es posible"
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"Si en Francia estuviésemos como en Grecia o como en Portugal o como en España, en una situación en la que los salarios disminuyen y las jubilaciones disminuyen", en lugar de congelar sus salarios se los habrían bajado, afirmó.
Agregó que "todo el mundo debe participar en el esfuerzo" que permita mantener el crecimiento, iniciado en agosto, y también en los presupuestos para 2011 y 2012.
Respecto a las críticas de la oposición al recorte de las ayudas para la compra de vivienda y la limitación de subvenciones y ayudas sociales, Fillon aseguró que el plan "protege cuidadosamente" a las capas más desfavorecidas de la sociedad, los mínimos de asistencia social, las jubilaciones, los productos de primera necesidad y la energía.
Acusó a la oposición socialista de "irresponsabilidad" por proponer mantener la edad de jubilación en 60 años, contratar funcionarios en estos momentos o abandonar la energía nuclear.
Según Fillón, el nuevo plan de ahorro reposa a partes iguales en restricciones presupuestarias y en el aumento de los ingresos, y 2012 será el año del "primer presupuesto francés a la baja desde 1945", con un descenso del gasto de 1.500 millones de euros.
La medida estrella del nuevo plan es el adelanto en un año de la polémica y criticada entrada en vigor del retraso de la edad de jubilación hasta situarla en 62 años en 2018, frente a los 60 actuales.
De otro lado aumentará el tipo reducido del Impuesto sobre el Valor Añadido del 5,5 % actual al 7 %, salvo en productos alimenticios y energéticos, y subirá la tasa de sociedades durante dos años un 5 % para las empresas que facturen más de 250 millones de euros.
Si en su primer plan de ajuste, el pasado 24 de agosto, París adoptó medidas para ahorrar 11.000 millones con una estimación de crecimiento del 1,75 %, Fillon justificó este segundo programa en la previsión de ralentización, que sitúa ahora el crecimiento en el 1 por ciento.
En septiembre pasado, Moody's amenazó con retirar la máxima calificación a Francia, cuando debía el 86,2 % de su Producto Interior Bruto (PIB).
El primer ministro explicó, no obstante, que su máxima inquietud no son las agencias de calificación, que amenazan con hacer perder a Francia la nota de triple A, sino el volumen de préstamos hechos en los últimos 30 años.




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