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17 de junio 2008 - 00:00

Parálisis económica: el Central, preso por haber bajado el dólar

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Haber bajado el dólar de $ 3,20 a $ 3,08 innecesariamente dejó como pérdida casi 3.000 millones de dólares de reservas. Pero peor es que ahora el Banco Central quedó preso de mantener el tipo de cambio en los actuales niveles: dejar que suba sería motorizar la demanda de ahorristas. Desde hoy se espera que una vez más aumente la densidad en casas de cambio en búsqueda del clásico refugio. No es casualidad que ayer un informe del JP Morgan incluyera entre las recomendaciones de compra a Gabón y entre las de venta a la Argentina. Pero ¿hasta cuándo puede resistir la economía la actual situación?

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Lo más preocupante en ese sentido no es el nivel de reservas. Está a la vista el error oficial de querer imponer pérdidas a quienes compraron dólares a $ 3,20. Gratuito.

También lo equivocado de salir a recomprar bonos para mantener artificialmente las cotizaciones. Todo es inconsistente con la estrategia de Néstor Kirchner de eternizar el conflicto y llevarlo al límite. Ahora de u$s 50.500 millones, el Central posee en sus arcas u$s 47.800 millones. Tiene oxígeno suficiente.

Lo que no es sostenible es la caída de la actividad. No hay indicadores que midan en tiempo real cuanto sucede en la producción y ventas de empresas, pero tampoco hacen demasiado falta. Al fin y al cabo, para la inflación con el INDEC se encontraron otras alternativas. Paradas de producción obligadas en las automotrices, escasez de combustibles, desplome en ventas de comercio y permisos de construcción son los que, a diferencia de otras crisis en la Argentina, marcan el tiempo del actual conflicto. ¿Está al tanto el gobierno de lo difícil de la situación en lo que a la actividadse refiere? A juzgar por un informe dado a conocer ayer, claramente no lo está. Es casi una segunda vuelta de INDEC y la inflación. Ayer desde el gobierno dieron a conocer vía mail una suerte de comunicado titulado «Sin desaceleración», en el que resaltaban las bondades de la recaudación impositiva, la producción de autos y de cemento, y hasta las expectativas de economistas en la encuesta sobre actividad y PBI que efectúa el BCRA. Aquí hay algo puntual: nadie en la plaza quiere quedar marcado como el primero en pronosticar una recesión. Menos ante una encuesta que efectúa una entidad oficial.

  • Preocupación

  • Otro flanco importante es la caminata -no corrida- bancaria que está teniendo lugar en la plaza. Es lo que en definitiva preocupa al BCRA. Quizás de corto plazo se vea al Banco Nación dejando de mantener baja la tasa de «call» o interbancaria. También es altamente probable que, con los bancos al tope en el límite para operar a futuro en el BCRA, salgan a demandar en el «spot» o contado aumentando la presión de los pequeños ahorristas. Lo concreto es que esa caminata es, junto a la caída de la actividad, lo que hace inviable la eternización del conflicto.

    Variables como la recaudación impositiva, superávit fiscal, por ejemplo, no son -siempre de corto plazo- las más afectadas. Tampoco la balanza comercial con u$s 800 millones promedio por mes de saldo positivo. La suba de precios apunta a contenerse por la ortodoxia súbita: se dispararon las tasas y se aplicó a la fuerza una contención monetaria. Los aumentos ahora son por la escasez de productos. La inflación casi pasó a un segundo plano. Una muestra cabal de la gravedad de la crisis.

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