Más por el ingrato recuerdo que dejó en la memoria colectiva el huracán Katrina, que por el potencial destructivo del tornado Rita, la rueda de ayer fue literalmente sacudida por la nueva tormenta. Es cierto que 0,79% que perdió el Promedio Industrial al cerrar en 10.557,63 puntos no es para nada alarmante (aunque hubiera sido peor de no ser por la aparición en la última media hora de operaciones de cobertura de ventas en descubierto), pero esto se dio en combinación con una serie de hechos que hacen que la merma sea más significativa que lo que marcan los fríos números. En primer lugar, el petróleo que saltó disparado 6,9% a u$s 67,39 (la mayor suba en dólares desde que se negocian futuros energéticos en el Nymex, influida tanto por Rita como por la indecisión de la OPEC). Esto fue acompañado por un salto aun más grande en los futuros de gasolina que treparon 12% y por un salto de 1,5% en la onza de oro a u$s 470,4 -con lo cual acumula un alza de 12% en el año-, cerrando así el metal amarillo en el máximo de los últimos 17 años. A pesar de que se podría suponer otra cosa, como la situación internacional luce algo peor que la nacional (la incertidumbre de la elección alemana y la suba en el precio de los commodities "pegaron" casi exclusivamente sobre el mercado de cambios), el dólar avanzó a 111,51 yenes y u$s 1,2137 euro. Así con esta mezcla por detrás, la tasa de los bonos de tesoro de 10 años retrocedió a 4,25%, reflejando más que nada el vuelco a la seguridad buscado por los inversores, temerosos en más de un sentido de "ser mojados", luego de todo lo que les ha "llovido" durante este año.
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