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10 de julio 2007 - 00:00

Paro de Moyano contra empresas de bebidas

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Pablo Moyano decidió no esperar a que las «asambleas de trabajadores» votaran: los camioneros que reparten gaseosas y cervezas irán a un paro nacional por tiempo indeterminado, lo que equivale a decir que el país podría quedarse sin esas bebidas si Quilmes no llega a un acuerdo comercial con sus distribuidores.

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La ecuación parece compleja de comprender: la principal cervecera del país mantiene un conflicto con las empresas de logística que reparten sus productos, las que aducen que se les deterioró la rentabilidad por mayores costos y precios congelados, y quieren recomponerla. Quilmes replica que «la ecuación sigue dando bien, quizá no con los márgenes de otras épocas, pero ninguna está al borde de la quiebra».

Las distribuidoras respondieron dejando de pagar 30% de los salarios de sus empleados y el medio aguinaldo, lo que provocó la esperable reacción del gremio de los Moyano padre e hijo.

El heredero de Hugo Moyano había anunciado que a partir de hoy a las 6:00 los trabajadores votarían la realización de la huelga, pero ayer se adelantó y decretó «manu militari» el paro a partir de esa misma hora.

Esto implica que, además de bloquear las plantas que tiene Quilmes en Pompeya, Zárate y Quilmes (así desde el jueves) llevarán la medida a las que tiene en Mendoza, Tucumán, Córdoba y Corrientes, según anunció el sindicato.

Ayer, a pesar del frío, la nieve y el feriado, había contactos entre la empresa y sus distribuidores para tratar de destrabar el problema. A última hora, aún las partes no habían alcanzado acercamiento alguno.

El gremio que encabeza Moyano, hijo del secretario general de la CGT, llevó la protesta a las puertas de las fábricas de Quilmes aun cuando los acreedores son sus distribuidoras. El sindicalista justificó esto en que esas empresas «son contratadas por Quilmes y por lo tanto hacemos responsables tanto a Quilmes como a las empresas contratadas».

Por su parte, la cervecera, en un comunicado publicado ayer por este diario, puso el peso del conflicto en sus contratistas y les imputó tratar de presionarlos a través del sindicato para obtener mejores condiciones comerciales. Una fuente de la cámara que agrupa a los distribuidores admitió en diálogo con este diario que su negocio varió para peor a partir de los controles de precios, y que podrían compensar esa caída si Quilmes les permitiera distribuir otras marcas.

«Es cierto que muchos productos tienen precios congelados, que hubo que aumentar sueldos y que muchos costos subieron. Pero compensamos el congelamiento con mayores volúmenes», justificó una alta fuente de Quilmes. Está claro, sin embargo, que no es el mayor volumen de productos vendidos lo que mantiene la rentabilidad tanto de la cervecera como la de sus distribuidores: líneas como las cervezas Quilmes y Brahma, o las aguas Villa del Sur tienen sus precios « morenizados», pero en sentido inverso, la marca Stella Artois, las cervezas negras y los jugos Tropicana, por mencionar sólo a algunos «premium», no padecen esa limitación. De todos modos, sigue tormentoso el vínculo de la empresa con sus distribuidores desde que hace unos meses algunas de ellas iban a ser dadas de baja por Quilmes por supuestos incumplimientos contractuales. Esas distribuidoras apelaron al apoyo de bloqueos y medidas de fuerza de camioneros y lograron que Quilmes les extendiera sus contratos. Ahora la situación parece repetirse, aunque esta vez los distribuidores parecen jugar con fuego al dejar de pagar sueldos y aguinaldo.

Moyano además amenazó ayer con armar una «carpa camionera» frente a la Embajada de Brasil, dado el origen de los actuales dueños de Quilmes (el grupo AmBev, conformado por Brahma y Antarctica, a su vez parte del gigante InBev, con la belga Interbrew). El dirigente no reveló a partir de qué día.

Llama la atención, además, que los otros dos gremios que representan a los trabajadores de las distribuidoras (Aguas Gaseosas; Cerveceros) no se hayan hecho oír hasta ahora, lo que confirmaría que esta serie de medidas de fuerza es la resultante de una « enténte cordiale» entre las empresas y el gremio de los camioneros. Moyano ubicó en tres mil el número de operarios afectados por la falta de pago, pero no dijo cuántos de ellos son afiliados propios.

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