En plan de echarle la culpa a alguien o a algo por el malhumor que prevaleció ayer en el mercado, lo más inocuo sería responsabilizar a la incertidumbre que generaban los datos sobre el empleo que se conocerán en apenas horas. Si bien el movimiento bursátil fue algo errático (se alcanzaron mínimos poco después del mediodía, noventa minutos más tarde parecía que estábamos en presencia de un "bull market", y en la última hora y media de operaciones el mercado entró a languidecer sin que nada lo frenara), quienes optaron por "lo que estaba por venir" se apoyaron en el comportamiento de los bonos del Tesoro para justificar su argumentación (la tasa de los treasuries a 10 años arrancó hacia arriba y a partir de mediodía se estabilizó en torno a 4,897% en que cerró, no sin antes volver a tocar un nuevo máximo desde junio de 2002). Una visión alternativa culpó a la derrota legal del Laboratorio Merck de ser el catalizador necesario y suficiente (el papel se desplomó 3,2%) para que el Promedio Industrial cerrara la rueda con una pérdida de 0,21% en 11.216,5 puntos. Claro que para aceptar esto hay que pensar que 5,1% que ganó 3M no le importó demasiado a nadie (o que 15% de suba que acumula Apple en dos ruedas tampoco). Un tercer factor que también puede haber "jugado en contra" fue la suba del petróleo a u$s 67,94 por barril (máximo de dos meses) y, especialmente, la del oro, que llegó a tocar u$s 601,9 por onza (máximo en 25 años). A pesar del volumen ligeramente superior al de las últimas ruedas y de la volatilidad descripta más arriba, lo cierto es que por la tarde la actividad se ralentizó tanto, que como dijo alguien "se podía escuchar la pintura secándose en la pared".
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