Una insólita carta fue la respuesta que recibieron los fabricantes argentinos de champagne, firmada por el ministro del Interior, Aníbal Fernández.
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Desde enero -cuando se reimplantó el impuesto al vino espumante que inventó José Luis Machinea en 1999 y derogó Domingo Cavallo en 2001- los bodegueros vienen intentado convencer al gobierno de la inutilidad de aplicar ese gravamen. Sucede que la caída de ventas de champagne ronda 30% desde que se volvió a aplicar, y así, lo que entra por ese impuesto deja de percibirse por el IVA, por lo que el resultado para las arcas fiscales es -en el mejor de los escenarios-igual a cero. Así las cosas, y luego de transitar cuanto despacho oficial les abrió las puertas sin ninguna contestación, los champagneros se sorprendieron con la misiva que les remitió Fernández; allí el ministro les informaba que el gobierno no contemplaba este año en su proyecto de presupuesto la derogación del gravamen, pero prometía que el año próximo se revisará junto con el impuesto sobre los vinos.
La curiosidad -además de la obvia dilación en dar una respuesta definitiva-es que hoy no existe ningún impuesto, gravamen, tasa, gabela o retención sobre los vinos, salvo -claro-los espumantes.
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