El alza de la carne se ha transformado en un problema sin solución para el gobierno, que sigue intentando imponer la firma de un acuerdo que no conforma a ninguno de los eslabones de la cadena -productores, frigoríficos y carniceros-y ayer enfrentó la primera medida de fuerza del sector desde la asunción de Cristina de Kirchner.
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Cada día que se extiende la negociación, el panorama se oscurece más: el Mercado de Liniers ve reducidos cada semana los ingresos de vacunos (ayer se comercializaron 6.699 animales), con aumento del mercado informal -incluye sobreprecios de hasta 30%-, y una constante alza en el valor para la media res (el gobierno quiere fijarla en $ 7 el kilo, pero se acerca a $ 9 y esta semana podría llegar a $ 10) y al consumidor (las subas llegan a 20% este año).
En este clima de tensión, los faenadores bonaerenses del Sindicato de Trabajadores de la Industria de la Carne -sector muy próximo al peronismo, desde los tiempos de Cipriano Reyes-cumplieron ayer media jornada de paro, con marcha al Ministerio de Economía y la entrega de un petitorio en la Secretaría de Agricultura. Reclamaron que no se cierren las exportaciones cárnicas, porque eso -dicen-generaría unos 7.000 despidos y suspensiones, y que se reabran las ventas al exterior de alimentos termoprocesados, con base cárnica. Los atendió un asesor del secretario de Agricultura Javier de Urquiza, que les aclaró que no se cortarán los envíos al exterior.
Este gremio, dirigido por Silvio Etchehun, se mantiene ahora a la expectativa y amenaza con otro paro, martes y jueves próximos, con un llamado a un boicot de los consumidores para que no se compre carne en esos días. Los faenadores no están solos, los apoyan las entidades rurales CARBAP -que lideró paros contra Néstor Kirchner-y CARTEZ.
También la FAA se levantará, aunque en este caso es en reclamo por el precio del trigo. Piden valores locales «acordes con las elevadas cotizaciones del mercado internacional».
Bloquearán terminales portuarias del sur de Santa Fe, probablemente el martes próximo.
La suba de la carne es tema prioritario para una Casa Rosada atemorizada por el avance de la inflación. «Hay que acordar ya», acepto ayer De Urquiza, quien lleva adelante la negociación junto al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, y reconoce extraoficialmente que sin una medida urgente, la carne tendrá nuevas subas en los próximos días. De Urquiza y Moreno mantienen constantes contactos con los representantes de la industria frigorífica que el martes rechazaron una propuesta oficial, por considerar que incluía precios de referencia « desactualizados». La idea del gobierno se circunscribe, básicamente, a establecer precios de referencia para el ganado en pie -opción que los ganaderos no aceptan-y media res, con creación de doce cortes « populares». Se aplicarían subsidios sobre estos dos últimos productos. Una de las trabas que sufre esta intención es que obliga a un blanqueo generalizado de un sector muy acostumbrado a las operaciones en negro.
La promesa para los frigoríficos exportadores es mantener las 500 mil toneladas anuales, pero regularlas en forma estacional. Encaja aquí la opción de limitar los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) durante al menos 30 días -marzo es un mes clave, por suba de consumo e inflación-, para pasar de 40 mil a 24 mil toneladas.
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