Sea por tradición o por superstición, una de las ideas más viejas sobre la inversión bursátil es que conviene vender cuando la gran mayoría de los inversores -atrapados en una ola de optimismo- piensa que conviene comprar, y que conviene comprar cuando el desánimo es lo que cunde y la mayoría vende. Si bien no sabemos que va a ocurrir de aquí a fin de enero, lo cierto es que el jueves pasado costaba, hasta ser casi imposible, encontrar a alguien capaz de apostar de manera pública por la chance de que el tradicional rally "de Navidad" se repitiera este año. Desde entonces las acciones han emprendido un camino alcista y si bien la rueda del lunes no fue más que "media rueda" (la actividad financiera finalizó a la una de la tarde), el promedio industrial ganó 0,73%, cerrando prácticamente en el máximo del día (y el máximo en dos semanas), en 13.549,33 puntos. Podríamos comenzar a buscar datos de la realidad inmediata que justifiquen (Merrill Lynch anunció que el monto de nuevos fondos que recibiría sería de u$s 6.200 millones -u$s 1.200 más de lo que se decía el viernes-) o que no justifiquen la suba (Merrill Lynch reveló más tarde que a cambio del dinero colocaría acciones en u$s 48 y el papel se desplomó a u$s 53,9), pero la historia nos dice que en los últimos 57 años, el S&P 500 ha obtenido una ganancia promedio durante las últimas cinco ruedas de año de 1,5% (estrictamente se trata de las últimas tres de diciembre y las dos primeras de enero). Es cierto que este "efecto" puede ser anecdótico y nada garantiza que la suba continué en los próximos días. Pero por ahora basta como excusa para que muchos comiencen a apostar -ahora sí- por una suba. Si bien hablamos de una suba que por su magnitud puede parecer banal, para muchos inversores el tema es casi una cuestión de supervivencia, porque otra cosa que nos dice la historia es que cuando no se presenta el "rally de Navidad", el año siguiente tiende a ser negativo (Bear Market). Si bien no hemos tratado últimamente el tema, el costo del dinero en el mercado global ha estado disminuyendo estos días, reflejando que tal vez la estrategia de los bancos centrales está teniendo algún éxito. Para el mercado, éste podría ser el mejor regalo de Navidad.
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