Privatizadas no irán a audiencias públicas
Las privatizadas de gas y energía eléctrica rechazarán la propuesta de suba de tarifas que les formuló el gobierno en los últimos días y tampoco aceptarán participar en una audiencia pública en la que se discuta el tema o se les pida una contrapropuesta. Esta posición frontal se corresponde con el mal manejo que el gobierno hizo del tema en los últimos días y, sobre todo, con los términos de una propuesta que, a primera vista, carece de sentido común. En términos simples, se les está ofreciendo a las privatizadas el mismo aumento que durante el gobierno de Eduardo Duhalde terminó frenado por la Justicia. Pero, a cambio de ese ajuste, que sería en febrero de 2005 y el único hasta 2007, se les pide a las compañías que hagan inversiones y que renuncien a los juicios multimillonarios iniciados contra el Estado nacional en tribunales internacionales. Se abre así un conflicto con las privatizadas en el peor momento, porque justamente el objetivo del gobierno era llegar a acuerdos con ellas, para cumplir, aunque sea parcialmente, el compromiso asumido con el Fondo Monetario de renegociar 39 de 62 contratos antes del 30 de junio pasado.
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Julio De Vido
Las principales objeciones que plantean empresas eléctricas y de gas son las siguientes:
• Si a las productoras de gas (petroleras) se les dio un sendero de precios hasta la normalización en diciembre de 2006, a transportistas y distribuidoras de gas se debería dar lo mismo.
• El gobierno ofrece muy poco y pide mucho, sobre todo renunciar a los juicios en el CIADI que implican sumas millonarias.
• El ajuste que se autorizaría no alcanza, en el caso de algunas empresas, para pagar los intereses de la deuda.
• En las compañías con mayor endeudamiento, los acreedores podrían pedir la quiebra si advierten que hasta 2007 no podrán cobrar ni siquiera intereses.
• Es un acta transitoria por dos años que modifica los contratos con las empresas eléctricas, porque se están pidiendo inversiones, cuando en estas privatizaciones se exigen parámetros de calidad a cumplir, y no cifras o determinadas obras.
• Si hay un solo aumento de tarifas y una mayor exigencia de inversión, las condiciones del negocio empeoran. Es preferible no firmar nada.
Probablemente, los problemas que viene acumulando el gobierno, han dejado espacio para dos circunstancias nuevas. Por un lado, a diferencia de meses atrás, no parece pesar en las privatizadas la posibilidad de que un enfrentamiento con el gobierno las haga quedar como las victimarias ante el público. Por el otro, hay una tendencia a formar bloque, con la consigna corporativa de que «no pueden quitarnos la concesión a todos juntos».




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