Guillermo Moreno no sólo se quedó con el control de las áreas clave del Ministerio de Economía. También pretende avanzar sobre las vinculadas al Banco Central y el manejo de las tasas de interés. En una reunión con empresarios a fines de la semana pasada, el verborrágico funcionario no dudó en revelar: "Ya le expliqué a (Martín) Redrado que hay que alinear las tasas con la inflación, que es de 8%". Luego avanzó con una dura crítica sobre el rol de los bancos, porque no le prestan, dicen, a la producción. Nada original, considerando que históricamente las entidades financieras han sido el blanco elegido para despotricar cuando algo no sale como el gobierno de turno quiere. El peligro de este nuevo intento de avasallamiento sobre la cada vez más golpeada autonomía del Central es claro: empujar a la fuerza una reducción de las tasas puede aumentar aun más la inflación por el sobrecalentamiento de la economía.
No conforme con el copamiento del INDEC, que ya cumplió un año, su rol central en los controles de precios de productos de la canasta básica y parte de la negociación con los sindicatos por las paritarias que se avecinan, Guillermo Moreno también está dispuesto a avanzar sobre una institución que supuestamente debería gozar de autonomía: el Banco Central. «Ya le dije a (Martín) Redrado que a mí no me engrupen. Estoy harto de las excusas de los banqueros, pero el gobierno está muy firme y no vamos a parar hasta que los bancos les presten a las empresas a 8%.» Moreno se despachó así en una reunión de fines de la semana pasada con industriales, dejando en claro que se intensificará la presión oficial para reducir las tasas.
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El argumento de la Casa Rosada, que utiliza a Moreno para propagarlo, es que no hay excusas para que el costo del dinero continúe tan elevado, considerando que las tasas de depósitos se desplomaron desde principios de 2008.
El ministro de Economía, Martín Lousteau, ya les había pedido a las entidades, en una reunión con los principales directivos de Abappra (Asociación de Bancos Públicos y Privados) que les presten a los exportadores a 7% y a la producción a 10%.
La semana pasada, la tasa interbancaria («call money») cayó hasta 5,5% anual en pesos. Los bancos pagaron apenas 8% anual para captar depósitos mayoristas, cuando a fines de diciembre había llegado a 13,5%.
No es la primera vez que Moreno se transforma en el « negociador» para que bajen las tasas. Su debut se había producido en setiembre de 2006, cuando lanzó junto a los bancos el denominado «Plan Inquilinos» para abaratar el crédito hipotecario. Fue un rotundo fracaso. El año pasado fue el turno de un programa especial, días antes de las elecciones, para reducir el costo del financiamiento para créditos personales y para préstamos al sector productivo de corto plazo (descuento de facturas). Pero apenas un puñado de bancos aprobó el esquema pese a haber adherido originalmente.
Esta nueva intervención de Moreno para influir sobre el nivel de las tasas conlleva un peligro adicional. En el actual esquema de crecimiento basado en consumo, una disminución drástica de tasas como la actual puede generar mayor « sobrecalentamiento» y, finalmente, más inflación. Ante este escenario, la inquietud es obvia: ¿quién maneja la política monetaria, el Central que promete prudencia o las urgencias de la Casa Rosada vía Moreno? Por lo pronto, las designaciones de los cuatro sillones vacantes aún en el Central sugiere que será directamente el matrimonio presidencial quien se ocupará de las designaciones, quedando relegada cualquier intención de Redrado por nombrar alguien propio.
Pese a la baja de la tasa de los depósitos, los bancos continúan reticentes a prestar a largo plazo y, mucho menos, a tasa fija. «Con una inflación real que supera 15%, no tiene sentido salir a prestar a 8%», se defienden los banqueros.
El gran aumento de liquidez que se produjo desde el arranque de 2008 fue lo que provocó la baja de las tasas. El Central ayudó con la compra de u$s 1.700 millones durante todo enero. Así pudo conseguir ponerle un piso a la cotización de la divisa. Los pesos emitidos fueron absorbidos a través de pases pasivos y, en menor medida, con emisión de Lebac. Se produjo, asimismo, un gran aumento de depósitos a plazo fijo.
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