Hans Humes y Nicola Stock, copresidentes del Global Committee of Argentine Bondholders (GCAB) invitaron al equipo económico a mantener una reunión de negociación por la deuda en «Nueva York, Londres o París», a elección de las autoridades argentinas. La respuesta, por ahora, no llegó.
En la última semana, el Comité Global de acreedores, que agrupa a los principales bonistas extranjeros, y el ministro de Economía, Roberto Lavagna, se cruzaron cuatro cartas. Sin embargo, el contenido de las misivas revela un verdadero «diálogo de sordos», con invitaciones que nunca llegan a concretarse y posiciones totalmente alejadas.
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Antes de esta última carta, fue Lavagna el que volvió a invitar al GCAB a mantener un encuentro en Buenos Aires. Sucedió algunos días después de presentar la oferta de renegociación que -según sostiene el gobierno-es la «definitiva».
Insólitamente, pese a no recibir respuesta alguna, Lavagna decidió enviar otro mail -eso sí, a través de su secretaria-solicitando la confirmación de la fecha de visita para agendar día y hora de la reunión.
• Imposibilidad
Pero los bonistas extranjeros aducen que «problemas de agenda» de los distintos miembros del GCAB (estadounidenses, europeos y japoneses) tornan imposible organizar en Buenos Aires una nueva reunión. Pero lo cierto es que estos argumentos parecieron más bien una excusa, ya que los acreedores del exterior no disimularon su malestar por el apuro del gobierno en dar a conocer la propuesta de reestructuración sin esperar la nueva ronda de consultas con acreedores.
Algunas especulaciones señalan que esta nueva carta de Economía tiene que ver con solicitudes que llegaron tanto del FMI como del Tesoro estadounidense para que la Argentina continúe negociando con «todos» los acreedores, lo cual fue enfatizado anteayer por el flamante director gerente del Fondo, Rodrigo Rato, en sus primeras declaraciones públicas en la nueva función. Desde el GCAB solicitaron, además, que el gobierno se haga cargo de los gastos incurridos por este grupo en las negociaciones de los últimos meses, «tal como sucedió en todos los casos de países que entraron en default», pero esto fue denegado de plano por el propio Lavagna.
El equipo económico depende de los acreedores extranjeros para conseguir un nivel de aceptación que no sea inferior a 60%. Una posibilidad es que los ahorristas italianos (que suman bonos en default por u$s 14.000 millones) terminen suscribiendo del bono Par, sin quita, y esto ayude a incrementar el volumen colocado.
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