24 de octubre 2008 - 00:00

Pujía: tradición que no pierde vigencia

Las más de 60 obras de Antonio Pujía queexhibe el Museo Sívori (tal vez demasiadaspara ser contempladas debidamente) ratificanla vocación por la escultura de un artistacontinuador de la tradición académica.
Las más de 60 obras de Antonio Pujía que exhibe el Museo Sívori (tal vez demasiadas para ser contempladas debidamente) ratifican la vocación por la escultura de un artista continuador de la tradición académica.
En la muestra de Antonio Pujía (Polia, Calabria, 1929), que se exhibe actualmente en el Museo Sívori se puede apreciar una vez más la vocación por la escultura de un artista continuador de la tradición académica y su confrontación con la modernidad.

Pujía es un figurativo sutil que encaja en lo moderno atemporal. Figuras trabajadas con técnica superlativa, superficies texturadas, la porosidad de la piel, son algunas características de «Homenaje a la eterna mujer», leit motiv de la muestra. Su esposa, Susana Niccolai, a quien está principalmente dedicada, escribe en el catálogo: «Antonio ve y traduce formas en esta muestra donde la esencia es la femineidad. Y lo hace con belleza y amor, mostrando a otros lo que no se ve, esa realidad misteriosa que cabe en ese espacio particular que habitan las mujeres».

Entre otras características de Pujía está el amor por la materia que parece dominar naturalmente tanto en los grandes volúmenes puros como en la exacerbación de los detalles que a veces llega al barroquismo. Sus temas han sido siempre el hombre, sus pasiones, dolor, alegría, amor, hambre y miseria (es inolvidable su serie sobre Biafra), la pareja, la danza, (un ejemplo es «Homenaje a Norma Fontenla», de 1966, aquí expuesta). La exposición consta de 60 obras, quizá demasiadas para que el espectador pueda demorarse ante ellas, y está dividida en cuatro secciones. De «Felicidad y Dolor» (1951-1980), destacamos tres piezas mutables: «Espejo del Alma, «Cárcel del Alma», un momento de gran innovación y dramatismo en su obra.

«La Cariátide» (2000-2008; en la civilización griega, columna con forma femenina) consta de 20 pequeños bronces, entre ellos, « Adoración de la flor», «Amor, Poesía, Arte, Belleza», «María y sonido interior», estilizadas figuras combinadas con otros materiales a las que el artista compara con la mujer, «sostén y creación de la vida que creo es eterna».

«Elogio a la mujer» (2000-2008) es una colección de pequeño formato y otra de joyas trabajadas en cera y luego fundidas en plata que revela su condición de orfebre.

«A Modigliani» (1980-2000) es un conjunto inspirado en la elegancia de la forma, en su estilización, la línea curva ondulada y melodiosa, la proporción mesurada, propias del célebre y refinado artista italiano.

Clausura el 16 de noviembre (Av. Infanta Isabel 555).

  • Celebración

    Susana Beibe celbra sus 35 años con la exposición «La línea del tiempo» en el British Arts Centre (BAC). Según ella misma explica, «Mi obra tiene que ver con el ser humano y su búsqueda de identidad , tema recurrente en las diferentes series que he creado. Esto está presente en las figuras que salen del plano y forman multitudes, figuras que luchan para romper esos códigos actuales, mi búsqueda es la de revalorizar al hombre con su historia, sus raíces e individualidades».

    Beibe trabaja con varias técnicas y disciplinas, escultura, relieve, pintura e instalaciones. Su obra posee un gran contenido espiritual en el que subyace además de la búsqueda de la identidad, el deseo de encontrar la quizás inasible esencia de la creación.

    De la cerámica pasó a realizar obras escultóricas monumentales de corte expresionista, por ejemplo, «Así Sea», situada en el exterior, antes de ingresar a la galería. Más adelante se destaccó por una serie de relieves en la que se impone la presencia de la materia, superficies muy trabajadas, rastros de columnas, seres alineados protegiéndose unos a otros, en viaje hacia un espacio infinito, en búsqueda de alguna salida.

    «Jugando en la vereda», relieves y fotografías (2006), combina las texturas con transfers fotográficos, un recurso que habla de una cierta nostalgia por la infancia para llegar a obras recientes en las que haciendo un giro hacia la geometría como fondo, los personajes minimalizados, aparecen dispersos, incomunicados, la identidad ya perdida. Clausura el 31 de octubre (Suipacha 1333).
  • Dejá tu comentario

    Te puede interesar