Estaba para irse hacia cualquiera de los lados la tónica tambaleante que persiste en nuestra plaza. Del día de ayer puede rescatarse como de más valioso, el latiguillo que está -como tantos otros- estúpidamente de moda: «la actitud». La plaza quiso, no pudo concretar nada contundente, y quiso en los dos aspectos: que es lo principal. Otro escalón ganador en volumen, quedándose con unos $ 26 millones del total de efectivo girado en la rueda, casi $ 7 millones a CEDEAR. Mientras los señores legisladores declaraban «de utilidad pública» las viejas plantas de Sasetru, los fantasmas del viejo recinto se sacudieron: resultó una de las más grandes estafas bursátiles de la historia, ésta ahora exhumada sigla formada por explosivos apellidos: «Salimei-Señoranz-Trucco». Todo vuelve, en la Argentina del «revival». Pero, en tanto, se consiguió un modesto 0,5% en el Merval: quedando muy, pero muy lejos, del espectacular 3,4% del socio en las malas. Quizás, lo más extraño, que no pudo copiar al Bovespa.
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Sin que existieran promontorios en el listado líder, todo resultó un terreno raso y donde los más atrevidos se movieron dos por ciento, hacia arriba o hacia abajo. El resto, apretado en medio de esto, la mayoría sin llegar al uno. El máximo Merval pasando de «747», el mínimo de «736», el cierre fue de «741». Una rueda como de leve barrido de ventas, sin mucho poder de absorción, pero queriendo asegurar los pisos. La tarea fue cumplida, bien (aunque, preparando algún «golpe»).
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