Renunció ayer el N°1 del Fondo, Horst Köhler. No fue por la actual tensión en la negociación con la Argentina, sino porque será candidato a presidente en Alemania y, en tal condición, no podía permanecer ni un solo día más en el organismo. Es mala noticia para el gobierno. Primero, porque esa decisión tomó por sorpresa al propio staff del Fondo y a los ministros de los países más desarrollados del Grupo de los Siete. Así, el caso Argentina pasa a un plano menor, con los principales actores ocupados ahora en la sucesión del alemán. Y luego, porque asume en su reemplazo Anne Krueger, a quien el gobierno salió a criticar duramente hace 90 días sólo porque la norteamericana defendió la política económica de los '90 en la Argentina. Sus dichos entonces fueron tildados como de una «profunda ignorancia», «una estupidez» y hasta el propio Kirchner la calificó como «la responsable directa del gran endeudamiento que tuvo la Argentina». Ahora, Krueger es la que tiene que recomendar al directorio del FMI la aprobación de las metas de la Argentina. Es cierto que ello depende más del Grupo de los Siete que de Krueger. Pero ahora el G-7 está alineado y no dispuesto a avalar a la Argentina si antes no establece una agenda creíble de reuniones con acreedores.
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