Si el lector lo desea, puede hallarle algún punto favorable -o menos malo- al desarrollo inicial de la semana, en lo que hace a la conjunción de volumen y precios: marchando de la mano, en igual dirección. El problema es que tal camino estuvo señalizado por un claro cartel que decía: «pendiente». El saldo del Merval tuvo su flanco más superficial en lo que hace a una baja del día de 1,5 por ciento, que apenas pudo ser remontada desde el piso de mínima. En lo que hace a lo más profundo, el hecho del índice de abandonando la zona superior -y que, por momentos de la semana pasada- pareció querer afirmarse para aterrizar en terreno que ya está con huellas profundas, de tanto haberse transitado en las dos direcciones. Un mínimo de 1.586 puntos, con clausurar levemente encima de ello, en 1.587 y dejando planteado un escenario de dudas, en lo inmediato.
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A la baja del indicador de precios le correspondió una caída a pique en los negocios. Y dejando otra vez en la incógnita ese arrebato de tres dígitos que aparece súbitamente -como el viernes- y, como vino, se esfuma. El descanso fue caída libre desde los 120 millones de pesos anteriores hasta solamente $ 47 millones ayer: apenas a 40 por ciento de la cifra de órdenes previas. Y tal encogimiento, ortodoxo, no pudo evitar siquiera que se recortaran los precios. Se asistió así a un dibujo de «oferta insatisfecha», sin poder colocar cuando quería. Y los precios... pagaron.
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