"Si algo malo puede suceder, sucederá»... una de las leyes de Murphy -la básica- se le colgó a la tendencia de la Bolsa porteña y que estaba yendo a contramano casi del mundo, con sus aumentos acentuados y consecutivos. En verdad, si esto es realmente «malo», se verá con el tiempo: pero, no pueden quedar dudas de que a partir de un Reutemann dando un «NO» mayúsculo a Duhalde, desde la propia Casa de Gobierno: todo viento cambió de cuadrante. Ese mismo día, el titular del Ejecutivo se habrá metido dentro de un placard, porque ignoró que no es tradición que un primer mandatario deje a todo el ambiente bursátil clavado, a solamente horas de celebrarse el acto con el aniversario de la Bolsa. Los paneles recogieron de inmediato el desvío y enhebró el sector accionario tres ruedas finales adversas, que se llevaron utilidad de inicios semanales y quedaron en rojo.
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En realidad, bastante menos, que una Wall Street con soberbia herida en un flanco, la mar de números falsos, prominentes hombres complicados en enjuagues poco claros (mientras, nos siguen queriendo inculcar las manos limpias, las transparencias y todo eso que publican los norteamericanos, en sus folletines de texto). En el Norte, se despeñaron 7,5% en la semana. El Bovespa en buena racha, subiendo 4,2%. Y Buenos Aires, que iba para más, se quedó encogida y atemorizada frente a un desbande político después del «NOOOOO». Hubo que soportar 3% de merma en el recuento semanal, con mejor cariz el viernes: porque tocó mínimo de «360», para llegar a máximo de «371» y concluir allí cerca. ¿Esperanza?
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