Rueda de molde, a la que muy bien le podría caber el comentario sobre la anterior, o el de la pasada semana. Sin aspiraciones y con un caudal de órdenes que tiende a hacerse promedio en la absoluta medianía, el mercado atraviesa el horario solamente para cumplir. El índice ponderado concluyó en 954 puntos, apenas 0,22% de diferencia sobre lo anterior. El listado líder tuvo su relevancia mayor en acciones que se movieron hasta uno por ciento, cambiando solamente de signo sobre esa delgada cornisa. Y todo se encamina a cerrar una semana donde la búsqueda de no producir fracturas ya parece constituir la buena noticia. Acaso, la única conclusión que se pudiere extraer.
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Un tanto por debajo de los $ 29 millones promedio, del mes anterior, la plaza contabilizó ayer menos de $ 33 millones totales. Los certificados decreciendo a no más de $ 7 millones de efectivo, liberando algo más de 25 millones de pesos para las acciones. Afuera tampoco sucede nada destacable, es lo que hace pasar más inadvertido el valle de inquietudes en que se aposenta el recinto de Buenos Aires. Y tiene lógica. Porque existen muchos cabos sueltos en el país, con señales encontradas y discursos que siembran el desconcierto entre los actores de la economía y las finanzas.
Ciertamente, dos sectores que no resultan de los «personajes favoritos» de esta etapa del poder, pero que son fundamentales para poder establecer un cambio de tendencia. La Bolsa tiene sus lámparas apagadas y se ameseta, se acurruca, dentro de esa media agua de los 950 puntos que tiene sabor a nada.
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